Mar 12, 2026

Un bonito sueño

Anoche dormí en dos tandas, de 8 a 12 y de 1 a 5. Durante la primera tanda tuve un bonito sueño. Soné que vivía en un país muy lejos de Venezuela, en una zona semi rural. Mi casa era pequeña, modesta pero muy bonita, con paredes blancas y techos rojos, rodeada de muchas flores. 

Gustavo Coronel

El terreno era extenso y al lado de la casa había unos inmensos árboles, muy frondosos y altos, de ramas que se unían en el tope, formando un casi perfecto anfiteatro, lucia como una gran sala de conciertos vegetal. Contando con aquel bello escenario se me ocurrió que podía organizar un evento para que la gente del lugar conociese más sobre mi país, lo que se podría llamar un acto cultural, con personas que pudiesen hablar sobre Venezuela y quizás algún músico que tocara música venezolana.

Como en los sueños todo es posible decidí invitar a tres venezolanos a hablar sobre nuestro país: José Antonio Cabrujas, Aquiles Nazoa y Arturo Uslar Pietri. Además, hablé y obtuve la aceptación inmediata de Antonio Lauro y Rodrigo Riera para que, entre charla y charla, tocaran alguna de la música compuesta por ellos, una música que es la quintaesencia venezolana.

Bueno, y así fue. Recuerdo nítidamente que el anfiteatro se llenó de gente venida de los sitios vecinos. A la hora señalada, vi llegar a Cabrujas, a Nazoa y a Uslar Pietri. 

A Cabrujas solo lo había visto una vez antes y de manera fugaz. A Nazoa lo conocía bien porque en Los Teques, cuando adolescente, me sentaba con él en la plaza Bolivar mientras el recitaba algunos de sus poemas. A Uslar Pietri lo visite una vez en su casa, en su biblioteca, y hable con él por dos largas horas, uno de los momentos estelares de mi vida, sobre todo porque el insistía en llamarme profesor. Uslar Pietri llamándome profesor a mí!

El primer charlista fue Cabrujas, con su voz ronca de cigarrillo y vivaces gestos. Comenzó diciendo:

“Cuando uno entra en la Catedral de Caracas, termina por entender dónde vive. La Catedral de Caracas es un parecido, un lugar grande, relativamente grande, todo lo grande que podría ser en Venezuela un lugar religioso, pero al mismo tiempo se trata de una edificación provisional que forma parte del “más o menos” nacional. Uno siente ese “más o menos” en la artesanía de los racimos de uvas, corderos pascuales, triángulos teologales o sandalias de pastores. Uno comprende que alguien levantó esa catedral “mientras tanto y por si acaso”. 

La historia nos habla de un país rico habitado por depredadores incapaces de otra nostalgia que no fuese el recuerdo de España. Se dice que nuestros indígenas eran tribus errantes que marchaban de un lugar a otro en busca de alimentos. Pero tan errantes como los indígenas fueron los españoles. Vivir fue casi siempre viajar y cuando el Sur comenzó a presentirse como el lugar del “oro prometido”, llámese Dorado o Potosí, Venezuela se convirtió en un sitio de paso donde quedarse significaba ser menos. Menos que Lima. Menos que Bogotá. Menos que el Cuzco. Menos que La Paz. Se instaló así un concepto de ciudad campamento ….

Y continua:

“El campamento aspiró convertirse en un Estado y, para colmo de males, en un Estado culto, principista, institucional; en todo caso, legendario por todo lo que tiene de hermoso y de irreal. Las constituciones nacionales, desde los hermanitos Monagas para acá, son verdaderos tratados de contemporaneidad y hondura conceptual. El déspota, y vaya si los hubo, jamás usó la palabra “tiranía” ni los eufemismos correspondientes, como podría ser la palabra “autoritario” o “gobierno de fuerza” o “régimen de excepción”. 

Por el contrario, redactar una Constitución fue siempre en Venezuela un ejercicio retórico, destinado a disimular las criadillas del gobernante. En lugar de escribir “me da la gana”, que era lo real, el legislador, por orden del déspota, escribió siempre “en nombre del bien común” y demás afrancesamientos por el estilo. El resultado es que durante siglos nos hemos acostumbrado a percibir que las leyes no tienen nada que ver con la vida. Nunca levantamos muchas salas de teatro en este país. ¿Para qué? La estructura principista del poder fue siempre nuestro mejor escenario”.

Los asistentes se miraban los unos a los otros, algunos asintiendo, otros negando con la cabeza.  Cabrujas decía:

“el venezolano podía perder la libertad, pero jamás la igualdad. Nosotros entendemos por igualdad ese formidable rasero donde a todos nos hace el traje el mismo sastre, donde lo importante es que no me vengas con cuentos, no te las des “de”, porque si te las das “de” yo te desmantelo, yo acabo contigo, yo digo la verdad, yo revelo quién eres tú en el fondo, qué clase de pillín o de sinvergüenzón eres tú, para que no te me vayas demasiado alto, para que no te me vuelvas predominante y espectacular.

Años atrás, cuando trabajaba en la Dirección de Cultura de la UCV, fui invitado por el inolvidable Jesús María Bianco (Rector de la UCV) a una recepción académica mediante la cual se iba a rendir homenaje a un ilustre venezolano que había hecho un singular aporte a la cirugía cardiovascular. 

Las revistas inglesas y norteamericanas, me refiero desde luego a revistas especializadas, habían comentado en términos sumamente elogiosos y admirativos el trabajo de nuestro compatriota, de allí que la Universidad se sentía en el deber de reconocer con la solemnidad del caso los logros de un miembro de la comunidad. Estábamos allí muchos invitados, y los académicos entraron con toga y birrete, aproximándose de inmediato al homenajeado. 

El rector pronunció un parco discurso donde destacó la trayectoria de ese gran cirujano. Me pareció, y por lo demás era natural, que el distinguido científico se sentía muy bien porque mostraba un evidente orgullo y hasta una honda emoción.

 Concluyó el acto. Salieron las cuadrillas de mesoneros con las correspondientes botellas de champaña y el protocolo se “animó” después de un vigoroso aplauso en el instante en que el rector condecoró al “hombre”. No hubo en ese aplauso ninguna hipocresía. Por el contrario, era una reacción emotiva y, desde luego, sincera. Pero, después de los aplausos, comenzó el coctel, desaparecieron las togas y los birretes y todo el mundo se “republicanizó”. Entonces empezó la verdadera ceremonia nacional, el auténtico ritual de “no te me vayas tan lejos”. 

Los amigos rodearon al encumbrado, y así como en las corridas de toros salen los picadores para que el toro se acostumbre a la lidia, es decir, para que el toro sea menos toro, así, al doctor González (invento el apellido porque no recuerdo cómo se llamaba el cirujano) lo comenzaron a llamar Gonzalito. Menudearon las palabrotas y las palmaditas: “¡Gonzalito, carajo! ¿Quién lo iba a decir, Gonzalito? ¿Cómo fue ese pegón, Gonzalito, ¿si a ti te ‘rasparon’ en Anatomía II? ¡Si tú eras más malo que el carajo! ¿Esa operación no te la haría la enfermera?” Etcétera, etcétera. 

Esta sociedad familiar que no acepta deserciones a la cervecita cotidiana, que convierte a González en Gonzalito, justamente el día que González es más González que nunca; esta sociedad de complicidades, de lados flacos, ha hecho de la noción de Estado un esquema de disimulos. 

Vamos a fingir que somos un país con una Constitución. Vamos a fingir que el presidente de la República es un ciudadano esclarecido. Vamos a fingir que la Corte Suprema de Justicia es un santuario de la legalidad. Pero en el fondo, no nos engañemos. En el fondo, todos sabemos cómo se “bate el cobre”, cuál es la verdad, de qué pie cojea el Contralor, o el ministro de Energía, o el secretario del ministro de Educación. La “verdad” no está escrita en ninguna parte. La verdad es mi compadre, la verdad es el resorte mediante el cual puedo burlar la apariencia legal, eso que en la jerga administrativa se denomina la “veredita”. Lo expresa muy bien el venezolano cuando decimos: “No, chico, no hables con el secretario. Habla directamente con el presidente, porque el secretario es un pendejo. Vete a la cabeza”.

Cabrujas terminó su charla y fue a sentarse abajo, con los espectadores. Muchos de los espectadores sonreían.

Aquiles Nazoa fue al escenario y dijo:

“Soy hijo de un jardinero y creo  en los grillos que pueblan la noche de mágicos cristales; creo en el amolador que vive de fabricar estrellas de oro con su rueda maravillosa; creo en la cualidad aérea del ser humano, configurada en el recuerdo de Isadora Duncan abatiéndose como una purísima paloma herida bajo el cielo del Mediterráneo; creo en las monedas de chocolate que atesoro secretamente debajo de la almohada de mi niñez; creo en la fábula de Orfeo, creo en el sortilegio de la música, yo que en las horas de angustia vi al conjuro de la Pavana de Fauré, salir liberada y radiante a la dulce Eurídice del infierno de mi alma; creo en Rainer María Rilke, héroe de la lucha del hombre por la belleza, que sacrificó su vida al acto de cortar una rosa para una mujer; creo en las flores que brotaron del cadáver adolescente de Ofelia; creo en el llanto silencioso de Aquiles frente al mar; creo en un barco esbelto y distantísimo que salió hace un siglo al encuentro de la aurora, su capitán Lord Byron, al cinto la espada de los arcángeles, y junto a sus sienes un resplandor de estrellas; creo en el perro de Ulises, en el gato risueño de Alicia en el País de las Maravillas, en el loro de Robinson Crusoe, en los ratoncitos que tiraron del coche de la Cenicienta, en Beralfiro el caballo de Rolando, y en las abejas que labraron su colmena dentro del corazón de Martín Tinajero; creo en la amistad como el invento más bello del hombre; creo en los poderes creadores del pueblo; creo en la poesía y en fin, creo en mí mismo, puesto que sé que hay alguien que me ama’

Y, a continuación, recito uno de sus poemas, LA BALADA DE HANS Y JENNY:

Cuando Nazoa bajo del escenario muchos de los asistentes tenían los ojos húmedos.

Para terminar la velada Arturo Uslar Pietri subió al escenario y nos dijo:

“Si entendemos por venezolanidad la concepción de la existencia de un conjunto humano caracterizado que se llama Venezuela y que, a su vez, caracteriza a quienes la componen, indudablemente podemos hablar de venezolanidad. Existe un serio sentimiento de comunidad nacional…. Yo creo que ese concepto de nacionalidad está muy estrechamente vinculado con el proceso de la independencia y que es de allí que arranca…. Si hubiéramos tenido, por ejemplo, una independencia como la que tuvieron en Ecuador o como la que tuvieron en Chile o en Argentina, tendríamos un concepto distinto. 

Pero la Guerra de Independencia en Venezuela se caracterizó por rasgos muy peculiares. Uno fue el desproporcionado papel que Venezuela tuvo en el proceso de Independencia de la America Latina.

En 1810 Venezuela tenía setecientos mil habitantes y un circulante de setecientos mil pesos…. Y ese paisito, que ni siquiera era un virreinato, que apenas era una modesta capitanía general, toma el liderazgo del proceso de Independencia de la America del Sur y lo lleva a término. Es una cosa verdaderamente milagrosa, increíble. Por más que uno trate de explicarlo no se encuentran explicaciones.  ¿Con que base podían aquellos hombres hacer eso?  ¿Que tenían detrás? Pues, nada. Lo hicieron puramente a base de personalidad. 

Salir un grupo de hombres como Miranda, como Bolivar, como Sucre, como Bello, como Páez … hombres increíbles, ¿verdad? Y esos hombres crearon de la nada un hecho nacional que desbordo las fronteras de Venezuela y se proyectó en un hecho continental. 

Yo recuerdo mucho la primera vez que yo llegué a Bolivia, que fue, precisamente, en un viaje con el general Medina. Yo era entonces ministro de Hacienda y lo acompañaba en visita oficial…  Cuando entré a la sala del Congreso en La Paz, vi que había dos grandes retratos que dominaban la sala. Eras dos venezolanos: Bolivar y Sucre…. Cuando yo vi aquello pensé, “Que curioso, como ese paisito de setecientos mil habitantes, que quedó reducido casi a la mitad, pudo hacer aquella hazaña increíble y mantenerla durante quince años de guerra continua”. Yo creo que de allí arranca el sentimiento nacional de los venezolanos…  

Venezuela fue una entidad política dentro del imperio español que se constituyó tardíamente. … De modo que fue el proceso de la Independencia, con todas sus peculiaridades, el que dio la base para la creación de ese sentimiento…

Y continuo:

“En el terreno de la cultura en Venezuela habría muchas cosas que decir. Yo creo que una de las grandes cosas que el país tiene que plantearse en este momento de dificultades y de reajustes es qué hacer con la cultura y para qué Ia queremos. Porque en torno a esto hay mucha distorsión y mucho disparate… 

En los cincuenta años corridos entre 1890 y 1940 Venezuela tiene un florecimiento cultural extraordinario. En esos años salen… Diaz Rodríguez, Pedro Emilio Coll, Eduardo Blanco, José Gil Fortoul, José Rafael Pocaterra, Romulo Gallegos, Enrique Bemardo Nunez, Guillermo Meneses, Teresa de la Parra … Si Ud. se va al terreno de la música sale la escuela del maestro Sojo y todo ese grupo de músicos notables del periodo. Y si Ud. se dirige al terreno de las artes plásticas surge la Escuela de Caracas y Reveron, Monasterios, Soto, Alejandro Otero, Narvaez. Cruz Diez.

Uslar Pietri nos habló extensamente y los asistentes guardaban silencio, mesmerizados ante su coherencia y lucidez….

Antes de despertarme invite a Rodrigo Ruiera a tocar para la audiencia. Y toco su PRELUDIO CRIOLLO:

https://www.youtube.com/watch?v=1EbHPwk-MOs&list=RD1EbHPwk-MOs&start_radio=1

Al terminar nadie aplaudió, todos permanecieron en silencio como después de un rezo en una catedral. Esa música era un discurso sobre el alma venezolana, insistente, determinado, sin desmayos.

Luego subió al escenario el gran maestro Antonio Lauro quien toco su vals bandera: NATALIA

https://www.youtube.com/watch?v=gtnxThdVJz0&list=RDgtnxThdVJz0&start_radio=1 , muy difícil saber cuál es el mejor entre los valses de este genio de la guitarra.  

Me desperté con una gran sensación de bienestar…. Tardaría mucho en dormirme de nuevo, saboreando los recuerdos de este sueño.

FUENTES:

https://prodavinci.com/el-estado-del-disimulo-la-entrevista-a-cabrujas-1/

https://www.google.com/search?q=credo+de+aquiles+nazoa&sca_esv=73000156de4ea350&sxsrf=ANbL-n7w6hW2mJrC8-JI0uE-0Czce0F2YA%3A1772555650907&source=hp&ei=gg2naZuUNeez5NoP44eZuAI&iflsig=AFdpzrgAAAAAaacbkiPwTYlL4zwIrZHSuC9qA8QiHO_O&oq=&gs_lp=Egdnd3Mtd2l6IgAqAggGMgcQIxgnGOoCMgcQIxgnGOoCMgcQIxgnGOoCMgcQIxgnGOoCMgcQIxgnGOoCMgcQIxgnGOoCMgcQIxgnGOoCMgcQIxgnGOoCMgcQIxgnGOoCMgcQIxgnGOoCSMIcUABYAHABeACQAQCYAQCgAQCqAQC4AQHIAQCYAgGgAhaoAgqYAxbxBe2AWXyH1Lh0kgcBMaAHALIHALgHAMIHAzQtMcgHE4AIAA&sclient=gws-wiz

https://scispace.com/pdf/venezuela-historia-politica-y-literatura-conversacion-con-4bdo44a0li.pdf