Sep 21, 2026

Oro:

Del patrón monetario al mineral del siglo XXI

El pasado 16 de Septiembre, en el marco de la Conferencia Ministerial G20 de Abundancia Energética celebrada en Houston, la firma neoyorquina Heeney Capital y la comercializadora Mercuria firmaron con la Corporación Venezolana de Minería un acuerdo para desarrollar y operar el yacimiento aurífero de Choco, en el Distrito Minero de El Callao, estado Bolívar, Venezuela.

Maria Angela Capello, PhD/Red Tree Consulting

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La inversión proyectada supera los mil millones de dólares en un horizonte de 30 años. El acuerdo es un recordatorio de que el metal más codiciado de la historia humana sigue siendo, en pleno siglo XXI, un recurso de primer orden para el sector energético y tecnológico, y que Venezuela ocupa en esa historia un lugar que aún está por escribirse.

El oro lleva milenios siendo el idioma universal de la riqueza y el poder, y las civilizaciones lo acumularon mucho antes de que existieran los bancos centrales o los tratados comerciales, atraídas por propiedades que la geología determina: no se oxida, resiste la corrosión, es extraordinariamente maleable y escasea lo suficiente como para que cada gramo represente esfuerzo real. Las economías modernas dejaron atrás el patrón oro a lo largo del siglo XX (con la decisión del presidente de Estados Unidos R. Nixon en 1971 de suspender la convertibilidad del dólar en oro como su cierre definitivo) y operan hoy con moneda fiduciaria respaldada por la autoridad de las instituciones y no por ningún depósito de metal. Lo que no ha cambiado es la relevancia estratégica del oro, aunque el terreno donde se juega haya migrado de las arcas de los Estados hacia la cadena de valor de la transición energética y la economía digital.

El oro ocupa un lugar cada vez más relevante entre los materiales que hacen posible la transición hacia la energía limpia. Las propiedades físicas que convirtieron al oro en símbolo de riqueza durante milenios (conductividad eléctrica superior, resistencia absoluta a la corrosión y estabilidad en condiciones extremas) son las que hoy lo hacen presente en los microprocesadores que controlan redes eléctricas inteligentes, en los satélites que monitorean parques solares y eólicos desde el espacio, en los chips de inteligencia artificial que optimizan el consumo energético de los centros de datos, y en las celdas de combustible de hidrógeno que prometen transformar la descarbonización industrial. De ahí que valga la pena entender de dónde viene este metal, quién lo tiene en el subsuelo, cómo se extrae y qué implica para un país como Venezuela, cuyo territorio guarda algunas de las acumulaciones auríferas más significativas del hemisferio.

El oro en la tecnología moderna

Lo que hace singular al oro entre los materiales de la transición energética es que la conductividad eléctrica superior, la resistencia absoluta a la corrosión y la biocompatibilidad con tejidos vivos (propiedades que le valieron siglos de protagonismo en joyería y orfebrería) son precisamente las que lo hacen insustituible en aplicaciones industriales donde el margen de error es inexistente. Los microprocesadores modernos utilizan hilos de oro en los procesos de wire bonding que conectan el chip al sustrato; los satélites llevan recubrimientos de oro en sus paneles reflectantes porque ningún otro material ofrece la misma estabilidad térmica en el vacío del espacio; los amplificadores de potencia para telecomunicaciones y los chips de inteligencia artificial de siguiente generación consumen cantidades crecientes del metal en sus procesos de metalización. Solo en el primer trimestre de 2026, el segmento electrónico representó 69,3 toneladas de demanda industrial de oro, un 3% más que en el mismo período del año anterior, impulsado en gran parte por la expansión de la cadena de suministro de IA en el este de Asia, según datos del World Gold Council.

En el ámbito de la energía limpia, el oro ha comenzado a destacar como catalizador en la producción de hidrógeno verde y en la transformación de dióxido de carbono en compuestos utilizables, dos procesos centrales para la descarbonización industrial donde las nanopartículas de oro aceleran reacciones químicas con una estabilidad que otros materiales no logran sostener en el tiempo. 

Cómo se forma y dónde está

El oro en la corteza terrestre se acumula principalmente mediante tres procesos geológicos. Los depósitos hidrotermales, los más conocidos, se forman cuando fluidos calientes cargados de minerales circulan a través de fracturas en la roca y, al enfriarse, precipitan el oro en vetas asociadas generalmente al cuarzo, como ocurre en las grandes zonas de extracción de Sudáfrica, Australia y Canadá. 

Los depósitos de placer resultan de la erosión prolongada de esas vetas primarias, cuando el agua transporta y reconcentra partículas del metal en ríos y costas, y fue este tipo de yacimiento el que desencadenó las grandes fiebres del oro del siglo XIX.

El tercer proceso geológico da lugar a los depósitos diseminados, con mineralizaciones auríferas de baja ley distribuidas en grandes volúmenes de roca que requieren operaciones a escala industrial para ser económicamente viables.

Según el Mineral Commodity Summaries 2025 del USGS, las reservas auríferas geológicas globales alcanzan las 64.000 toneladas métricas de oro en el subsuelo, económicamente recuperables con tecnología actual. 

Los diez países con mayores reservas geológicas son:

Australia y Rusia concentran juntas casi el 38% de las reservas geológicas mundiales conocidas. Sudáfrica, que dominó la producción mundial durante el siglo XX, mantiene el tercer lugar con 5.000 toneladas. Es también notable que Indonesia, un país cuya riqueza minera suele asociarse al níquel y al carbón, ocupe el cuarto lugar en reservas auríferas. Venezuela no figura de manera independiente en esta tabla, a pesar de que el Arco Minero del Orinoco concentra estimaciones de hasta 7.000 toneladas de oro en el subsuelo, porque esos recursos no han sido cuantificados con los estándares técnicos internacionales que el USGS exige para listar a un país por separado y quedan agrupados en la categoría de “otros países”.

La minería informal y sus consecuencias

Cuando el precio del oro sube en los mercados internacionales, crece también la actividad minera informal en las regiones donde el Estado no tiene capacidad ni voluntad de regular el sector, y esa correlación tiene consecuencias que los informes financieros raramente abordan. 

En Perú, la cuenca de Madre de Dios concentra una de las operaciones de minería ilegal más destructivas de América Latina, y eso ocurre a pesar de que el país tiene legislación de formalización desde 2002 y múltiples programas de regularización que no han logrado frenar ni la deforestación ni el uso de mercurio a escala. En Zambia, el Estado intenta hoy convertir una fiebre artesanal reciente en una operación mecanizada y verticalizada, con resultados todavía inciertos. En el Congo y la región de los Grandes Lagos, organizaciones no gubernamentales como Human Rights Watch han documentado sistemáticamente las condiciones que acompañan esa minería informal, entre las que se cuentan el trabajo infantil (con niños de entre 6 y 17 años describiendo jornadas de excavación, carga de mineral y exposición a sustancias tóxicas), el uso de mercurio sin controles ambientales, y condiciones de seguridad tan precarias que en Mayo de 2026 costaron la vida a 28 personas en un derrumbe en una operación ilegal en Angola. 

Estos casos muestran que la informalidad sigue siendo el patrón predominante en buena parte del mundo, por encima de los esfuerzos regulatorios que cada tanto se anuncian. Con todo, en Colombia y Uganda han surgido excepciones documentadas que demuestran que un cambio de esquema es posible cuando existe voluntad política e institucional para sostenerlo: en Colombia, proyectos de cooperación internacional han formalizado grupos de mineros en los territorios colectivos de comunidades afrocolombianas (reconocidos por la Ley 70 de 1993 y concentrados mayormente en la costa del Pacífico) con resultados concretos en reducción del uso de mercurio y mejora de ingresos, y en Uganda, la cooperativa Syanyonja Artisan Miners’ Alliance se convirtió en 2016 en la primera operación aurífera de África en obtener certificación Fairtrade. La Alianza para la Minería Responsable opera hoy en 15 países y ha certificado apenas 8 operaciones en total, una reducida cifra que nos dice mucho sobre lo que queda por recorrer. 

Podríamos resumir que en muchos países, el oro es un recurso estratégico del siglo XXI extraído con tecnología del siglo XIX.

Venezuela: potencial aurífero sin inventario

El Arco Minero del Orinoco, la zona minera nacional de 111.843 kilómetros cuadrados establecida por decreto presidencial en 2016, contiene reservas geológicas estimadas en 7.000 toneladas de oro en el subsuelo, una cifra que, de confirmarse con exploración sistemática, ubicaría a Venezuela entre los tres mayores depositarios del metal en el mundo, por encima de Sudáfrica y por debajo únicamente de Australia y Rusia. 

La magnitud de lo que eso significaría hace aún más llamativo un hecho concreto: Venezuela no aparece en la tabla de reservas del USGS. Sus recursos auríferos no están certificados con los estándares técnicos que exigen los organismos geológicos internacionales para incluir un país en sus estadísticas, lo que refleja décadas de subinversión en exploración sistemática. En 2025, Venezuela extrajo apenas 9,5 toneladas de oro, una fracción del potencial que el subsuelo sugiere.

El marco regulatorio ha experimentado cambios importantes en 2026. Venezuela aprobó una nueva ley minera que extiende los períodos de concesión a entre 20 y 30 años e introduce arbitraje independiente para conflictos contractuales, mientras que en Marzo la Oficina de Control de Activos Extranjeros de Estados Unidos (OFAC) emitió la Licencia General No. 51, que autoriza a Minerven (la empresa minera estatal venezolana, recientemente fusionada con la Corporación Venezolana de Minería) a exportar oro venezolano hacia el mercado estadounidense, y una delegación de más de dos docenas de empresas mineras estadounidenses participó en conversaciones en Caracas en ese mismo período. 

Estos avances tienen valor, y abren posibilidades reales, aunque la durabilidad de los compromisos que se firman depende también de la solidez del marco político e institucional desde el que se suscriben. En el derecho internacional de los recursos naturales, los contratos celebrados por gobiernos cuya autoridad enfrenta cuestionamientos de origen corren el riesgo de ser impugnados o renegociados por administraciones posteriores, y esa incertidumbre afecta tanto al Estado receptor como a los inversionistas que deciden comprometer capital a largo plazo en ese territorio. 

A eso se suma la pregunta del conocimiento geológico: firmar contratos de extracción sobre estimaciones no certificadas coloca al Estado venezolano en una posición de negociación más débil de la que tendría si el inventario de sus recursos estuviera auditado y reconocido internacionalmente. Construir ese inventario riguroso (de oro, de coltán, de hierro, de bauxita) es el trabajo geológico de base sin el cual ninguna ley minera, por bien diseñada que esté, puede garantizar que la renta de esos recursos llegue al país en la proporción que le corresponde.

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Para Saber Más

Gold – Mineral Commodity Summaries 2025. U.S. Geological Survey, enero 2025. Datos de producción, reservas geológicas y recursos mundiales de oro por país, con análisis de tendencias de mercado y consumo industrial.

Technology – Gold Demand Trends Q2 2026. World Gold Council, 2026. Análisis trimestral de la demanda de oro en tecnología, semiconductores, inteligencia artificial e infraestructura de telecomunicaciones.

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Sobre la autora

Maria Angela Capello, PhD, es una líder en la yuxtaposición de sostenibilidad, geociencias, equidad de género y gestión técnica en energía, integrando estos enfoques para promover una transformación ética y global del sector. Miembro Honorario de la SPE, Miembro Vitalicio de la SEG, Directora en AGI y Co-Chair en UNECE, ha sido reconocida con el título de Cavaliere por el Presidente de Italia. Es autora de más de 100 publicaciones técnicas y cuatro libros, y promueve una transformación ética y sostenible en el sector energético a nivel global, con énfasis en los países en desarrollo.

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Maria Angela Capello, Ph.D.
President – Red Tree Consulting, LLC
www.redtreeconsultingllc.com

mcapello@RedTreeConsultingLLC.com
+1 (281) 967 2019 – Houston, TX, USA
Graduate Research Fellow, University of Plymouth
UNECE Co-Chair  Women in Resource Management 
AGI Ambassador & Board Liaison  https://www.americangeosciences.org/Co-Chair SPE Energy Transition Symposium 2025
Executive Editor Sustainable Geosciences: People, Planet and Prosperity

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