Jul 13, 2026
La profesión invisible
La primera vez que mucha gente se entera que existe una profesión llamada geofísica es en las redes sociales, cuando tiembla la tierra. Minutos después de las primeras alertas, empiezan a circular posts en X o Instagram y transmisiones en vivo donde alguien explica magnitudes, epicentros, profundidad y fallas tectónicas.
Maria Angela Capello, PhD/Red Tree Consulting
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Es en ese instante —y casi nunca antes— cuando las personas descubren que existen los “geofísicos”: profesionales cuyo trabajo es leer el interior del planeta. Con esa imagen abrí una conferencia ante la Society of Exploration Geophysicists (SEG): la del geofísico que se conoce muchas veces solamente en el imaginario social, el de los terremotos.
Para ilustrarlo recurrí a The Hammer of Eden, la novela de Ken Follett. La historia parte de una premisa inquietante: un grupo eco-terrorista roba un camión vibrador sísmico —un equipo real de exploración petrolera— y lo usa como arma para intentar provocar un terremoto en Los Angeles. Follett construye su trama sobre una hipótesis sísmica auténtica, conocida por cualquier geofísico, pero desconocida para el público. La novela funciona porque revela algo que casi nadie sabe: que hay tecnologías capaces de interactuar con el subsuelo, y profesionales que entienden cómo y por qué lo hacen.
La geofísica, en realidad, va mucho más allá de los sismos.
Una ciencia que tuvo que esperar sus instrumentos y sus computadoras
Leonardo da Vinci describió en sus cuadernos, en el siglo XV, la formación de estratos rocosos y la naturaleza real de los fósiles, anticipando en dos siglos lo que William Smith sistematizaría como estratigrafía. Fue el primer observador sistemático de la Tierra en términos modernos, el precursor de la geología como disciplina. Sus sucesores tardaron siglos en construir una ciencia formal sobre esa intuición, con un martillo y el ojo entrenado como herramientas esenciales.
El sismógrafo moderno, desarrollado a finales del siglo XIX y perfeccionado en las primeras décadas del XX, junto con los gravímetros de alta sensibilidad que aparecieron en los años treinta y los magnetómetros de precisión introducidos en los años cuarenta, abrieron ventanas al interior del planeta que antes eran inaccesibles. Más tarde, las estaciones sísmicas digitales de los años setenta, la telemetría remota que se consolidó en los ochenta y las redes satelitales de observación terrestre desplegadas desde los noventa hicieron posible registrar y transmitir datos en tiempo real.
En el siglo XXI, esa misma lógica instrumental se extendió a otros mundos: misiones robóticas como InSight en Marte llevaron sismómetros y sensores geofísicos al subsuelo marciano para estudiar su estructura interna. El primer Departamento de Geofísica del mundo fue fundado en 1926 en la Colorado School of Mines, que este año celebra su centenario.
El segundo umbral fue la computación. El procesamiento sísmico en 3D genera millones de muestras por kilómetro de registro, con operaciones que, en los años setenta y ochenta, solo podían ejecutarse en supercomputadoras como la Cray-1 (1976), adoptada por Colorado School of Mines, Exxon, Shell, BP y Chevron. La Cray X-MP (1982) introdujo el procesamiento paralelo y se convirtió en la herramienta de Western Geophysical, GSI y CGG. El salto definitivo llegó con la Cray Y-MP (1988), utilizada por Landmark, Schlumberger y Western Atlas para sísmica 3D masiva.
En Venezuela, INTEVEP incorporó una Cray entre 1989 y 1990, lo que aceleró los proyectos de sísmica 3D en la Faja del Orinoco. A comienzos de los noventa, sistemas como la Cray C90 (1991) y los IBM 3090 ampliaron aún más la capacidad de procesamiento.
Hoy la disciplina ha entrado en una tercera etapa: la era digital. La fibra óptica registra vibraciones del subsuelo a escala continental; los satélites detectan variaciones gravitatorias que revelan cambios en acuíferos y zonas de subsidencia; y la inteligencia artificial acelera la interpretación de datos sísmicos, gravimétricos y electromagnéticos. La geofísica contemporánea es una combinación de sensores, redes y algoritmos que amplía nuestra capacidad de leer el interior del planeta y de proteger a quienes viven sobre él.
Venezuela y sus geofísicos
En Venezuela, la primera Escuela de Ingeniería Geofísica se fundó en la Universidad Central de Venezuela, con sus primera promoción en el año 1973, seguida por el programa de la Universidad Simón Bolívar. El reciente y catastrófico evento sísmico del 24 de Junio, junto con la reactivación de la industria petrolera, ha devuelto a esta capacidad de formación geofísica nacional una relevancia estratégica. En un país sísmico y dependiente de sus recursos energéticos, una profesión que durante décadas permaneció invisible se revela hoy como crítica y necesaria para el desarrollo y la seguridad de la nación.
Geo-ética: el pilar que sostiene la profesión
Los profesionales de las geociencias tenemos una deuda con las comunidades que viven sobre la tierra que estudiamos. Esa deuda tiene dos caras: contribuir al desarrollo de los recursos que sostienen la economía —el petróleo, los minerales, la energía— y proteger y educar a la comunidad acerca de los riesgos geológicos que los rodean.
En Venezuela, el 24 de Junio de 2026 nos hizo dolorosamente evidente la falta de énfasis en la protección y educación.
Ese día, un doblete sísmico de magnitud 7,2 y 7,5 separado por 39 segundos sacudió el centro-norte del país. La cifra de víctimas por ahora supera los 4,000 muertos, según cifras oficiales. En las horas que siguieron, las redes sociales multiplicaron la confusión: alertas de tsunami con videos de Japón 2011, imágenes generadas con inteligencia artificial presentadas como derrumbes reales, anuncios de apagones nacionales que nunca ocurrieron. La gente buscaba respuestas donde había menos información verificada.
Venezuela llegó a tener una de las redes de monitoreo sísmico más completas de América Latina; con 50 estaciones bajo la coordinación de FUNVISIS, el ente gubernamental dedicado a la sismología. Hoy quedan menos de diez operativas. Esta reducción no puede atribuirse a la falta de compromiso de su personal científico, sino a décadas de debilitamiento presupuestario, institucional y tecnológico. A ello se suma la ausencia de programas sostenidos de educación antisísmica y de divulgación sobre riesgos geológicos, así como la falta de una ley de construcción antisísmica de cumplimiento obligatorio. Existe una normativa técnica, pero su aplicación nunca llegó a ser sistemática. El rol de los geofísicos en escuelas y comunidades —en la educación sobre riesgo sísmico, en la memoria de los terremotos que han marcado al país y en la construcción de una conciencia sobre Venezuela como territorio sísmico— tampoco ha tenido el alcance que la realidad exige. Con el tiempo, la periodicidad de los simulacros de evacuación se fue perdiendo en empresas y organizaciones, sin que existiera una política pública que garantizara su continuidad.
Eso es lo que nos corresponde reparar. Los geocientíficos, y en especial los geofísicos, tenemos la formación técnica para contribuir a la prevención de terremotos, deslizamientos e inundaciones, además de ser profesionales esenciales en la gestión responsable de los recursos naturales.
Nuestra contribución tiene que expandirse más allá de los congresos especializados para llegar a las comunidades, a las escuelas y a las políticas públicas, de modo que el país esté preparado antes de la próxima emergencia y cuente con voces técnicas sólidas en el manejo de sus recursos nacionales. Nuestra ética profesional —la geoética— es la decisión y la voluntad de usar el conocimiento donde hace falta. Que este artículo sea una pequeña contribución en esa dirección.
Para Saber Más
- Sociedad Venezolana de Geofísicos (SOVG) https://sovg.org
- Society of Exploration Geophysicists (SEG) — Referencia global de la geofísica aplicada desde 1930. 🔗 seg.org
- Terremotos de Venezuela 2026 – Wikipedia 🔗 es.wikipedia.org/wiki/Terremotos_de_Venezuela_de_2026
- Follett, Ken (1998). The Hammer of Eden. Crown Publishers.
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Sobre la autora
Maria Angela Capello, PhD, es una líder en la yuxtaposición de sostenibilidad, geociencias, equidad de género y gestión técnica en energía, integrando estos enfoques para promover una transformación ética y global del sector. Miembro Honorario de la SPE, Miembro Vitalicio de la SEG, Directora en AGI y Co-Chair en UNECE, ha sido reconocida con el título de Cavaliere por el Presidente de Italia. Es autora de más de 100 publicaciones técnicas y cuatro libros, y promueve una transformación ética y sostenible en el sector energético a nivel global, con énfasis en los países en desarrollo.
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Maria Angela Capello, Ph.D.
President – Red Tree Consulting, LLC
www.redtreeconsultingllc.com
mcapello@RedTreeConsultingLLC.com
+1 (281) 967 2019 – Houston, TX, USA
Graduate Research Fellow, University of Plymouth
UNECE Co-Chair Women in Resource Management
AGI Ambassador & Board Liaison https://www.americangeosciences.org/Co-Chair SPE Energy Transition Symposium 2025
Executive Editor Sustainable Geosciences: People, Planet and Prosperity