
Luis Xavier Grisanti,Oswaldo Otaiza, Oscar Sánchez, Luis Sánchez, Yolanda Rivas y Hilmer Escalona.
May 25, 2026
La Nacionalización Petrolera Venezolana
Discurso de Orden de Luis Xavier Grisanti al recibir el Premio Municipal de Historia de Venezuela “Augusto Mijares”, otorgado por la municipalidad de Chacao el 19 de Mayo del 2026.
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Ciudadanos Presidente y Vicepresidente del Consejo Municipal de Chacao, Luis Sánchez Brandt y Oscar González, Ciudadanas/nos Concejales; Dra. María Elena González de Luca, Presidente de la Academia Nacional de la Historia; Dr. Carlos Hernández Delfino, Presidente de la Fundación Bancaribe; colegas Profesores de la Universidad Central de Venezuela; Ciudadanas Contralora y Síndica Procuradora; Ciudadanos Presidentes del Centro Cultural Chacao y de Cultura Chacao; Ciudadanos Directores/ras y Representantes del Gobierno Municipal. Señoras y Señores:
Deseo agradecer sinceramente el gran honor de ser Orador de Orden en este solemne acto de imposición del Premio Augusto Mijares 2026. Educador, historiador e Individuo de Número de las Academias Nacionales de la Lengua, Historia y Ciencias Políticas y Sociales, Augusto Mijares (1897 – 1979) figura entre los intelectuales más prominentes del siglo XX venezolano.
Debo resaltar que, en su centenario, Monte Avila Editores publicó en 1997 las obras completas del escritor aragüeño, bajo la presidencia de quien fue uno de mis profesores de bachillerato más admirados, Alexis Márquez Rodríguez, Académico de la Lengua y maestro de generaciones.
Permítaseme una referencia personal: este servidor proviene de una familia de historiadores, juristas y educadores, comenzando por mi padre, Héctor Grisanti Luciani, en cuya biblioteca pude leer en mi adolescencia la biografía del Libertador escrita por el ilustre hijo de Villa de Cura, y las novelas Sobre la misma tierra de Rómulo Gallegos, Mene de Ramón Díaz Sánchez y Oficina No. 1 de Miguel Otero Silva. Mis antepasados Carlos F. Grisanti Franceschi y Ángel Grisanti fueron ambos miembros de la Academia Nacional de Historia. Llevamos la Historia en nuestro ADN familiar.
He acogido la sugerencia del Académico Carlos Hernández Delfino de realizar un balance de la nacionalización de la industria petrolera venezolana en su cincuentenario, celebrado el pasado 1ro. de enero; pero antes, debo referirme brevemente a la significación histórica del petróleo en el desarrollo político, institucional, económico, social y cultural del país.
Venezuela vivió desde el reventón del pozo Zumaque I en 1914 y el Barrosos en 1922, y hasta 1973, una primera bonanza petrolera que no vacilamos en calificar de Bendición de los Recursos. El petróleo no sólo nos abrió el camino a la democracia, sino que durante décadas registramos uno de los mayores ingresos por habitante del mundo, aplicamos políticas fiscales y monetarias racionales con bajo endeudamiento, creamos empleos bien remunerados y la inflación fue mínima; pero, sobre todo, invertimos para lograr las mejores infraestructuras de servicios públicos de agua, electricidad, puertos y aeropuertos, escuelas y universidades, vivienda, hospitales, carreteras y autopistas y el mejor sistema de seguridad social de Latinoamérica. Los venezolanos si sembramos el petróleo en aquel período; la frase emblemática de Arturo Uslar Pietri. Y todo ello con precios nominales del hidrocarburo de entre $1,00 y $1,80 por barril.
Durante la segunda bonanza de los años setenta del siglo XX, y pese a que se construyeron grandes obras de infraestructura, Venezuela comenzó a exhibir los primeros síntomas de lo que nosotros los economistas denominamos Maldición de los Recursos y Enfermedad Holandesa; dolencias que se acentuaron en la tercera bonanza de los años dos mil. Déficits fiscales y alto endeudamiento, expansión fiscal y monetaria, inflación, desindustrialización, devaluaciones y deterioro de los índices de pobreza. Nos convertimos en caza – rentas y en un Petro – Estado ineficiente y obeso. Entre 1976 y 2005, el PIB de Venezuela decreció 1,5% interanual, frente aumentos de casi 7% anual en las décadas precedentes.
La nacionalización fue una jornada cívica ejemplar
Al celebrarse el 50mo aniversario de la nacionalización petrolera, podemos afirmar que ella fue un éxito en su contexto histórico. No fue un hecho aislado, ni improvisado. Fue un proceso que fue gestándose durante seis décadas, en forma gradual y sin sobresaltos. Los venezolanos logramos diseñar lo que podríamos llamar una política de Estado desde la promulgación de la primera Ley de Hidrocarburos de 1920; el Programa de Febrero de 1936, instituido por el presidente de la transición democrática, Eleazar López Contreras; la Ley de Hidrocarburos de 1943, promulgada por el presidente Isaías Medina Angarita; y el Pentágono Petrolero, formulado por Juan Pablo Pérez Alfonzo, luego de la restauración democrática, el 23 de enero de 1958.
Hubo tres protagonistas que se condujeron con sentido de Estado a lo largo de aquellas décadas: 1) los directivos, gerentes, profesionales y trabajadores que fueron formados y entrenados por las compañías petroleras internacionales (IOCs); 2) los líderes políticos esclarecidos que dirigieron el proceso bajo la premisa de lo que hemos llamado un nacionalismo prudente y sensato; y 3) las empresas concesionarias que aplicaron lo que se denominó la venezolanización del talento humano, apoyada por los presidentes de la democracia y por el Colegio de Ingenieros de Venezuela.
A los tres protagonistas del proceso de nacionalización, incluyendo el comportamiento profesional de las empresas transnacionales – que entendieron que la nacionalización no era un acto hostil sino que abría una nueva etapa en sus relaciones con los países exportadores –, agregaríamos un cuarto protagonista: la institucionalidad representada por el desaparecido y venerable Ministerio de Minas e Hidrocarburos, así como los demás entes del Estado que conformaban entonces un verdadero servicio civil profesional.
Se ha afirmado muchas veces que las compañías petroleras internacionales dejaron de invertir por la política de no más concesiones, implantada por el ministro Pérez Alfonzo durante las dos administraciones del presidente Rómulo Betancourt. La afirmación no es enteramente cierta.
Las empresas concesionarias invirtieron menos al acercarse el fin de las concesiones en 1983; pero no dejaron de invertir, como lo demuestran la reinversión del flujo de caja, que permitió incrementar la producción de petróleo de 2,6 millones de barriles diarios en 1958 a 3,7 mmbd en 1970 (su pico histórico); el descubrimiento de nuevos campos gigantes, como como Lamar y Morichal y el desarrollo de Campo Centro en el Zulia y Bombal en Delta Amacuro; la construcción de la refinería El Palito, la fundación de Shell Química y la introducción de su tecnología de recuperación secundaria; la instalación de plantas de fraccionamiento de líquidos del gas natural, de desulfuración y de reinyección de vapor y gas en campos maduros; y la creación de las entonces novedosas empresas mixtas petroquímicas, fundadas por el eximio empresario chacaoense, Ing. Julio Sosa Rodríguez.
La estatal Corporación Venezolana del Petróleo – CVP, creada en 1960, no se quedó atrás e invirtió y ejecutó la gasificación del país durante la presidencia de Raúl Leoni (1964 – 1969) y la exploración de la Faja del Orinoco durante la primera presidencia de Rafael Caldera (1969 – 1974).
Si bien es cierto que eventos geopolíticos como la Guerra del Yom Kippur y el embargo petrolero árabe en 1973 – 1974, crearon las condiciones para efectuar las nacionalizaciones petroleras en los países miembros de la OPEP, no es menos cierto que Venezuela se encontraba madura para tomar la trascendental decisión.
Los venezolanos teníamos que demostrarnos a nosotros mismos y a la comunidad internacional que éramos capaces de gerenciar y operar nuestra industria con igual o mayor eficiencia y productividad que las grandes corporaciones petroleras globales. ¡Y lo logramos!
La designación por el presidente Carlos Andrés Pérez de la Comisión Presidencial de Reversión en 1974, en la cual hubo una representación calificada de los sectores político, empresarial, laboral y académico, y el nombramiento de la primera junta directiva de Petróleos de Venezuela, C.A., generaron confianza instantánea en la sociedad civil venezolana, en los mercados internacionales de capital y en los organismos multilaterales.
Venezolanos con sobradas calificaciones profesionales y éticas integraron las altas posiciones del Ministerio de Minas e Hidrocarburos y la junta directiva de PDVSA. Son ellos merecedores de un justo reconocimiento: los Ings. Valentín Hernández Acosta, Hernán Anzola y Arévalo Guzmán Reyes, ministro, viceministro y director general de Hidrocarburos; el general e Ing. Rafael Alfonzo Ravard, primer presidente de PDVSA, y los directores Alirio Parra, Julio César Arreaza, Benito Raúl Losada, Julio Sosa Rodríguez, Carlos Guillermo Rangel, José Rafael Domínguez, José Domingo Casanova, Edgar Leal, José Martorano Battisti, Luis Plaz Bruzual, Manuel Ramos, Gustavo Coronel, y Manuel Peñalver y Rómulo Henríquez, en representación de los trabajadores.
Ellos estuvieron secundados por verdaderos cuartos bates: Guillermo Rodríguez Eraso y Brígido Natera Ricci en la presidencia de Lagoven, Alberto Quirós Corradi en Maraven, Gustavo Incierte en Meneven y Juan Chacín en Corpoven; todos entrenados por las compañías petroleras internacionales.
Los retos: gobernanza, planificación, finanzas, comercio y tecnología
Hubo retos que asumir y se afrontaron con éxito. El primero: la gobernanza corporativa y su coordinación entre catorce compañías concesionarias con culturas gerenciales distintas. La consolidación se logró en pocos años, al pasar de catorce a tres filiales operadoras de PDVSA: Lagoven (ex Creole – Exxon), Maraven (ex – Shell) y Corpoven (ex CVP, Mobil, Texaco, etc.). Y disculpen la mención; pero quien les habla, recién graduado, perteneció a la generación fundadora de PDVSA.
Otros desafíos acometidos exitosamente fueron: la conformación de equipos profesionales en planificación estratégica, finanzas corporativas y comercio internacional; la formulación y ejecución los planes de negocio de la corporación; la optimización del sistema de refinación y abastecimiento al mercado interno de combustibles; la presentación de estados financieros consolidados, auditados por reconocidos auditores externos; el financiamiento de proyectos y la concurrencia a los mercados financieros internacionales; la estrategia de comercialización internacional del petróleo y los productos refinados a los mercados de consumo más remunerativos y su contratación entre clientes finales; el establecimiento de las mejoras prácticas de procura de obras, bienes y servicios, con creciente énfasis en la formación de capital nacional de las firmas venezolanas de servicios conexos; y la operación de la industria bajo estándares internacionales de higiene, seguridad y ambiente.
Quizás el desafío más importante fue el tecnológico. La creación del Instituto Tecnológico Venezolano del Petróleo (INTEVEP) jugó un papel primordial al reemplazar a las compañías concesionarias, las cuales destinan millardos de dólares anuales a la investigación y desarrollo de nuevas tecnologías. El INTEVEP registró más de un mil patentes. Su presidente – fundador fue el geólogo Humberto Calderón Berti.
Los logros de la nacionalización
Mencionemos ahora los principales logros de la industria petrolera nacionalizada: el traspaso de operaciones a la gerencia venezolana sin traumas; la preservación de la gerencia profesional del talento humano mediante sistemas de reclutamiento y planificación de carrera; la pulcra administración financiera de PDVSA, garantizando la solvencia patrimonial con altos índices de rentabilidad; los presupuestos de inversión y mantenimiento en toda la cadena de valor, desde la exploración y producción hasta la refinación y los mercados de consumo, por medio de la política de internacionalización o integración vertical, conforme a la cual se adquirieron sistemas avanzados de refinación y distribución en Norteamérica y Europa.
Gracias a las inversiones de la propia PDVSA y más tarde a la asociación en los años noventa con compañías petroleras internacionales y nacionales de alta calificación, conforme a la estrategia de apertura, la producción de petróleo subió de 2,35 millones de barriles diarios en 1975 a 3,35 mmbd en 1998. La producción de gas natural aumentó de 2.172 millones de pies cúbicos diarios a 5.195 MMPCD en el mismo período, minimizándose el venteo.
Las campañas de exploración de PDVSA posibilitaron el hallazgo de nuevos campos gigantes de petróleo como El Furrial en el norte de Monagas y de gas natural en el norte de Paria y el Campo Perla en Paraguaná. No menos importantes fueron los cambios en los patrones de refinación de las refinerías de Cardón y Amuay; la unificación de ambas en el Complejo Refinador de Paraguaná (CRP); y las mejoras en las refinerías de Bajo Grande, El Palito y Puerto La Cruz.
Merece mención especial el arrendamiento y modernización de las refinerías de Curazao y Hovensa en las Islas Vírgenes y el terminal de aguas profundas de Bonaire (BOPEC), lo cual dio a Venezuela estratégicamente el dominio de nuestro sistema de mercadeo internacional y distribución en todo el Caribe; estrategia dirigida por el entonces director y vicepresidente de PDVSA, Ing. Mario A. Rodríguez, mi antiguo jefe, quien hoy nos acompaña.
La estrategia de integración vertical de PDVSA – del pozo al consumidor final – se logró mediante la adquisición de CITGO, Champlin, Steuart y Union Oil Company of California en Estados Unidos, Veba – Ruhr Oel en Alemania y Nynas en Suecia y el norte de Europa. Marcamos territorio en aquellos mercados y alcanzamos una capacidad externa de refinación de más de dos (2) millones de barriles diarios en Estados Unidos, el Caribe y Europa. Si adicionamos la refinación interna de más de 1,3 mmbd, PDVSA logró una capacidad total de procesamiento de más de 3,3 mmbd.
El sistema nacional e internacional de refinación, comercialización, transporte, distribución y mercadeo se constituyó en uno de los primeros y más avanzados del mundo.
A partir de 1992, se firmaron, mediante licitaciones públicas, treinta y dos convenios de servicios operativos en campos maduros, ocho convenios de exploración a riesgo y ganancias compartidas y cuatro convenios de asociación en la Faja del Orinoco, los cuales, en conjunto, incrementaron la producción de petróleo en más de 1,2 millones de barriles diarios, con una inversión total de nuestros socios internacionales y nacionales superior a US$ 25 millardos, entre 1992 y 2004 (US$ 60 millardos a valores actuales).
Con una inversión de más de US$ 18 millardos, los convenios de asociación de la Faja del Orinoco, suscritos durante la segunda presidencia de Rafael Caldera, monetizaron por primera vez dichas reservas y posibilitaron la conversión de crudos extrapesados en crudos sintéticos medianos y livianos, capaces de ser procesados en las refinerías modernas en nuestros mercados naturales gracias a los mejoradores construidos en el país con tecnologías de punta. Las cuatro asociaciones estratégicas – Petrozuata, Cerro Negro, Sincor y Ameriven –, en sociedad con ExxonMobil, British Petroleum, Total, Statoil, Chevron y Conoco – Phillips –, generaron una capacidad de procesamiento de más de 600 mil barriles diarios de crudo mejorado.
Ante los desafíos actuales de la tecnología y la energía, el monopolio de PDVSA luce desfasado y por esta razón las nuevas legislaciones internacionales abren mayores espacios a la inversión privada en la cadena de valor de los hidrocarburos. Pero debemos puntualizar que la nacionalización también desencadenó un fructífero proceso de formación de capital nacional.
Hoy forman el capital social de Venezuela las empresas mixtas petroquímicas afiliadas a la Asociación de la Industria Química y Petroquímica y las compañías pertenecientes a la Asociación Venezolana de Procesadores de Gas, la Cámara Petrolera de Venezuela y la Asociación Venezolana de Hidrocarburos; la institución que nos correspondió fundar y presidir durante veinte años, hasta 2023; hoy presidida por la abogada Cristina Tovar Leopardi, presente en este acto. La inteligencia colectiva de estas cuatro instituciones está llamada a jugar un papel esencial en la recuperación de nuestra industria del petróleo y el gas natural, así como nuestros posgrados de hidrocarburos de la UCV y el IESA.
Los próximos 50 años: gas, petroquímica y descarbonización
Los conflictos geopolíticos del Medio Oriente, Rusia y Ucrania han hecho que el mundo vuelva a fijar su mirada en la seguridad energética que ofrece Venezuela; pero ello no es suficiente.
Las industrias globales transitan hacia la III y la IV Revolución Industrial, la inteligencia artificial, la transición energética, la economía circular y las prácticas trasparentes de gobernanza, sociedad y ambiente (ESG). La industria venezolana no puede quedarse rezagada.
La transformación digital de la industria nacional es otro imperativo de la Venezuela del futuro. Las inversiones internacionales que logremos atraer nos permitirán lograr una nueva industria reactivada con las más avanzadas tecnologías y una mínima huella de carbón.
Venezuela necesitará grandes inversiones internacionales, talento humano y tecnologías para reconstruir una industria de los hidrocarburos comprometida con la descarbonización. La valorización del gas natural y la petroquímica son la respuesta para superar el Petro – Estado y el extractivismo rentístico.
Aprovechemos la actual oportunidad sinigual para hacer una reingeniería de nuestro desarrollo socioeconómico en democracia, corregir el rumbo y superar el subdesarrollo, reunificándonos como nación.
Muchas gracias.