ANÁLISIS · REGULACIÓN

El barril ya no se mide, se demuestra: la regla del juego cambió en Venezuela, y no es la primera vez

El nuevo Reglamento de la Ley Orgánica de Hidrocarburos no cambia solo las cifras del negocio: cambia qué significa operar un campo en Venezuela. La buena noticia es que la industria ya dio este salto una vez —y eso define quién llega preparado esta vez.

Por Luis A. Pabón

Fig. 1 – Del archivo al flujo: el cambio de fondo del nuevo Reglamento.

Venezuela vive un momento bisagra. Con la apertura a los esquemas de producción compartida, una nueva generación de operadores se prepara para recibir campos que durante años estuvieron detenidos, subexplotados o a la espera. Llegan con capital, con prisa y con una pregunta que no todos se están haciendo con la seriedad que merece: ¿qué significa, hoy, operar en regla?

La respuesta está en el nuevo Reglamento de la Ley Orgánica de Hidrocarburos. Y cabe en una sola frase: el barril ya no se mide, se demuestra.

No es un salto imposible: la industria venezolana ya lo dio una vez. Y quien lo entendió entonces sabe por dónde se empieza.

Lo escribo con más de tres décadas de campo encima. Empecé en 1993, en Corpoven, cuando el petróleo venezolano era enteramente del Estado. Poco después, la Apertura Petrolera reinventó el mapa: llegaban operadores, capital, tecnología. En 1997 crucé esa frontera y me incorporé a Pérez Companc. Viví el cambio desde los dos lados: primero dentro de la industria del Estado, luego dentro del operador privado que venía a competir con estándares internacionales.

El cumplimiento, en aquella época, era en buena medida un acto que ocurría después: se medía el crudo, se llenaba el acta, se archivaba el reporte. La verdad operacional vivía en papel, y el papel viajaba despacio.

Pero no me quedé mirando ese modelo: me tocó ayudar a cambiarlo desde adentro. Entre 1999 y 2003 lideré la implementación y certificación del primer Sistema de Gestión Integrado bajo ISO 14001 y OHSAS 18001 —la precursora de la actual ISO 45001— en los cuatro campos operados por Pérez Companc en Venezuela, en el Oriente y el Occidente del país. Fue el primero de su tipo en operaciones de exploración y producción en Venezuela. No fueron trámites: fueron un cambio de cultura, del enfoque reactivo al preventivo, del relato anecdótico a la evidencia documentada.

Después de los noventa, ese aprendizaje me llevó por varios países de la región —Argentina, Brasil, Perú, México— y por el corazón energético de Houston. Y en cada marco regulatorio distinto confirmé la misma lección: los estándares internacionales solo sirven cuando alguien los sabe aterrizar al terreno local. El nuevo Reglamento venezolano pide justamente eso —estándar reconocido y contenido local a la vez—, y esa combinación no se improvisa: se aprende haciéndola, país por país.

Y hay algo más, quizás lo que más me hace mirar este momento con perspectiva: en aquellos años me tocó estar del otro lado de la norma. Fui coautor de normas COVENIN de seguridad —a través del Comité Técnico CT-6— y coordinador del comité venezolano de ambiente, seguridad e higiene industrial. Sé, por dentro, cómo se escribe una regla técnica y, sobre todo, qué separa a una que se cumple de una que se archiva. Por eso leo el nuevo Reglamento no solo como quien deberá cumplirlo, sino como quien entiende la lógica de quien lo redacta.

He leído con atención el nuevo Reglamento —el Decreto N° 5.381, publicado en Gaceta Oficial N° 7.052 Extraordinario el pasado 7 de julio— con esa memoria encima. Y quiero señalar algo que se está perdiendo entre los titulares: el cambio más profundo que trae este marco no está en las cifras. Está en la naturaleza misma de operar.

Del archivo al flujo

Hace veinticinco años, lo que pioneramos fue una idea simple y poderosa: que una operación se gobierna con un sistema y se sostiene con evidencia, no con anécdotas. El nuevo Reglamento toma esa misma lógica y le añade una exigencia que entonces era impensable: que la evidencia sea continua y en tiempo real.

En los noventa, el cumplimiento era un archivo: un documento que producías para probar, después, que habías cumplido. Hoy es un flujo: un dato que sostienes, en vivo, mientras operas. La información dejó de ser la fotografía que tomas al final del mes; es la corriente continua que emana del activo, y que además debe ser interoperable, trazable y verificable. No se trata de medir mejor. Es que la medición dejó de ser un evento y se volvió un estado permanente.

De medir a demostrar

Aquí está la frase que resume la nueva era: el barril ya no se mide, se demuestra. Medir es una operación técnica; demostrar es una operación de confianza. El nuevo régimen no se conforma con que el número exista: exige que sea trazable hasta su origen, redundante, calibrado bajo estándares reconocidos y sostenible ante una inspección que ya no llega en jeep, sino que observa de forma remota y continua.

Y esa exigencia no vive solo en la medición fiscal. Recorre toda la operación: la responsabilidad ambiental deja de ser un plan en una gaveta y se vuelve la obligación de restaurar y sanear con evidencia; las emisiones dejan de ser un tema de reputación y pasan a ser una magnitud que hay que cuantificar, reportar y verificar de forma continua; la respuesta a emergencias deja de ser un protocolo que se firma y se vuelve una capacidad que se demuestra el día que hace falta. Todo converge en una palabra que en aquellos años apenas empezábamos a instalar, y que hoy es la columna del sistema entero: trazabilidad.

El día que la evidencia falla, no falla solo un reporte: se tambalea el derecho mismo a estar allí.

La licencia se volvió condicional

Y hay un tercer cambio, el más silencioso. Antes, el permiso para operar era un punto de partida: una vez dentro, uno operaba. En el nuevo marco, el permiso es una condición que se renueva con cada acto de diligencia demostrable. La operación y su licencia dejaron de ser dos cosas separadas: ahora son la misma cosa, sostenida en el tiempo por la evidencia.

Esto reordena por completo las prioridades de quien llega hoy a un campo. Su mayor activo ya no es únicamente la reserva bajo tierra: es su capacidad de demostrar, en cualquier momento y sin margen de duda, que opera con diligencia. La confianza dejó de ganarse una vez; ahora se fabrica continuamente.

Lo que aprendí entonces, y vuelve a servir

Aquella certificación pionera me enseñó una lección que hoy es de nuevo cierta: los marcos regulatorios no premian a quien reacciona más rápido, sino a quien entendió antes lo que estaba cambiando de fondo. En los noventa, quienes vimos venir la profesionalización de la gestión no solo cumplimos: operamos distinto, y nos fue mejor. Fuimos de los primeros, y ese adelanto se sostuvo por años.

Y aquí va la parte esperanzadora, porque no todo es advertencia. Esto se puede construir —como se construyó la primera vez—. No de un día para otro, pero sí con método, con estándares reconocidos y con gente que ya recorrió el camino. Venezuela conserva el talento técnico que hizo aquella primera transición; muchos seguimos en la industria, dentro y fuera del país. El conocimiento no se perdió: se dispersó. Y buena parte de esa experiencia sigue viva, activa y al alcance de quien quiera construir bien desde el primer día. Reunirla es parte de la tarea que tenemos por delante.

No escribo esto para explicar cómo se resuelve. Lo escribo porque, después de tres décadas en esta industria —y habiendo ayudado a construir la primera transición en campos venezolanos—, reconozco cuándo un cambio es de forma y cuándo es de fondo. Este es de fondo. Y, como en los noventa, los operadores que lo entiendan temprano no van a estar corriendo detrás de la norma: van a estar un paso adelante.

 

SOBRE EL AUTOR

Luis A. Pabón acumula más de tres décadas en la industria de hidrocarburos —desde Corpoven (1993) y Pérez Companc de Venezuela hasta Petrobras a nivel corporativo—. Lideró la implementación y certificación del primer Sistema de Gestión Integrado (ISO 14001 / OHSAS 18001) en campos de exploración y producción en Venezuela. Es especialista en seguridad de procesos (PSM), análisis de riesgo y sistemas de gestión QHSE, con experiencia en la implementación de sistemas de gestión y tecnología en Argentina, Brasil, Perú, México y Estados Unidos. Fue coautor de normas COVENIN de seguridad (Comité Técnico CT-6) y coordinador principal de COPEVASHI. Hoy es fundador y director de QHSE Energy Services y de LEVO Group, desde donde asesora a operadores y empresas de servicio en cumplimiento, gestión de riesgo y transformación técnica de sus operaciones.

Contacto:  www.qhse.la   ·   www.levo-group.com