Oct 20, 2026

En el infierno hay petróleo

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Jorge Zajia

Jorge Zajia | Editor in Chief

Rómulo Betancourt, padre de la democracia venezolana y adalid de la libertad, comenzó con una cita y una anécdota el memorable discurso -en su condición de Senador Vitalicio-, con motivo de las discusiones de la Ley que Reserva al Estado “la producción y comercialización de nuestra fuente básica de riqueza.”, conocida como la ley de nacionalización petrolera.

La cita la extrajo del libro publicado en 1927 por Davenport & Cook: “… el petróleo despierta las peores pasiones, hace nacer en las personas una avidez más devoradora que la pasión del oro e incita a los hombres de Estado a seguir designios maquiavélicos.”

La anécdota -continúa Rómulo-, se la contó en Londres en 1965 un magnate petrolero con sentido de humor. Resumo: “Estalló un avión donde viajaban 10 empresarios del aceite negro. Todos llegaron al cielo y hablaban exclusivamente de petróleo. Uno de ellos fastidiado de ese monocorde, hizo correr la voz que en el infierno había petróleo. Uno a uno, todos fueron saltando del Paraíso poblado de querubines a las pailas hirvientes donde reina Lucifer, hasta que sólo quedó, el inventor del cuento. Cuando San Pedro vio que él también iba a dar el salto olímpico le dijo, pero si usted sabe que eso es mentira y él, lanzándose a las tinieblas le gritó: A lo mejor es verdad.”

Medio siglo después,  la rueda de la historia gira en una dirección que va en contravía de la evolución desde aquellas palabras de Rómulo; lo que obliga a confrontar esa tendencia para administrar con independencia, generosidad y firmeza la valiosa riqueza con que  la Providencia ha regado el subsuelo de Venezuela.

La avidez y la codicia parecen haber tomado por completo el control de la escena, porque lo que se ve es un reparto opaco y desordenado de la riqueza de Venezuela, en vez de un debate de altura entre estadistas y acuerdos entre hombres de negocios modernos, que tienen una formación académica y moral de altos quilates.

Quienes hoy participan de esa especie de festín petrolero, obvian que la seguridad jurídica es la única garantía de continuidad en el tiempo. Sin el aval de un gobierno legítimo y el respeto a los procedimientos constitucionales, cada acuerdo firmado “sobre el capó de un carro es papel mojado”. 

Es comprensible que tras años de contracción, el dinamismo actual despierte un entusiasmo  y una carrera por hacer negocios. Sin embargo, el éxito petrolero real nunca se ha construido sobre la urgencia del momento, sino sobre la solidez de las instituciones. Un acuerdo sin el debido apego a las normas y a la legitimidad, puede ofrecer dividendos a corto plazo, pero compromete la viabilidad del mañana. En criollo: “Pan para hoy, hambre para mañana.”

El sector petrolero global -la humanidad- observa con cautela lo que está pasando en Venezuela. Realmente no vale la pena transitar un camino lleno de espinas, porque el petróleo y el gas venezolano tiene un futuro inmenso; así que hay que edificarlo sobre una base firme.

Solamente el respeto irrestricto a los marcos legales y a las reglas claras del juego, a la legitimidad, garantizará que las inversiones actuales sean el inicio de una era de prosperidad sostenible.