Petróleo y Covid-19:

crisis y ¿un futuro sustentable?

La dramática caída del precio del WTI –crudo de referencia estadounidense– ha sido directamente proporcional al descenso brusco de las expectativas de consumo de este tipo de crudo y sus derivados, y el incremento de inventarios y almacenamiento, consecuencia de las medidas de confinamiento y restricciones a la movilidad que impone la pandemia del coronavirus.

Por Luis Vielma Lobo*/CBMX, México

 

El impacto ha sido global y sigue afectando los mercados de inversión, y además nos mostró una imagen preocupante de los límites de la crisis económica causada. Esa convulsión constituye una advertencia grave sobre las dificultades que tienen algunos mercados específicos para adaptarse a situaciones de caída brusca de la demanda. El colapso del WTI plantea la interrogante de si el Brent, el otro crudo marcador de referencia internacional, puede seguir la misma suerte que el primero, lo que parece poco probable, dadas las diferentes características de los mercados en los que operan ambos tipos de crudo.

Una cosa es cierta. La caída de la demanda ha provocado cambios de paradigma en el mercado, cuyo objetivo ahora es almacenar el crudo que nadie necesita en estos momentos, y que por lo tanto no tiene valor – o valor negativo dicen los expertos – para ofrecerlo en el futuro, cuando los precios se recuperen, reduciendo así el riesgo e impacto negativo en sus hojas de balance.

En el mercado norteamericano, las empresas productoras, comercializadoras y especialmente los traders, han entendido que la capacidad de almacenamiento sí es finita. Las refinerías de petróleo no compran crudo porque no hay demanda de gasolina y otros petrolíferos, y ello ha creado un pánico, al punto de salir de los volúmenes retenidos para especular –es la razón del trading–aun perdiendo dinero, y ocasionando la caída dramática de los precios, incluyendo en la ecuación o balance, el almacenamiento móvil en tanqueros que han convertido en “patios de almacenamiento portátiles”.

Esta realidad cambia las percepciones que se tienen en la ecuación producción–inventarios–demanda y las previsiones para equilibrar el mercado en los próximos años en un precio razonable, mitigando la híper volatilidad existente. Esto por ahora solo se conseguirá si se aumenta la demanda de forma significativa –lo cual es muy difícil de lograr en los próximos meses– o si se combina este factor con una mayor reducción de la oferta, es decir mayor cierre de producción, lo cual requeriría una nueva decisión de la OPEP, Rusia y Estados Unidos

El otro paradigma que se está retando en estos momentos tiene que ver con la capacidad de producción que tiene la OPEP o más bien Arabia Saudita de influir en el mercado. Históricamente en cada ciclo de cambios fuertes en el mercado, los eventos geopolíticos han sido la causa, y en muchos de estos eventos, la mecha que inicia la combustión se detona en el Medio Oriente. De allí el rol de ancla que han venido jugando los árabes, debido a su extraordinaria capacidad de producción y sus inagotables reservas.

No obstante, este colapso nos enseña que, si no hay consumo, no hay mercado, y al saturarse los inventarios y almacenamientos, simplemente debe cerrarse la producción, no por acuerdos y decretos de la OPEP o los árabes, sino como respuesta a la falta de demanda. Algunos productores están reduciendo la producción, pero otros han seguido produciendo, estando plenamente conscientes que el petróleo producido solo puede ir a almacenamiento. Así que esta variable de la ecuación pasa a serla verdadera ancla del mercado. Para decirlo coloquialmente “Ya que no hay espacio para almacenar, pues ni modo, hay que cerrar”

El pacto ratificado por los principales productores de petróleo del mundo para recortar la producción y poner coto a la caída libre del precio del crudo, supone un ejercicio histórico de flexibilidad y en cierta forma de pragmatismo, aunque ya vimos que lo acordado no fue suficiente para estabilizar el mercado. Pero quizá lo más relevante del mismo es que tiene la opción de reducir la producción hasta 20 mmbpd, es decir hasta un 20% de la demanda mundial, misma que coincide con la previsión de caída de consumo estimada por la Agencia Internacional de la Energía (AIE) para el primer trimestre del año. De esta contracción en el mercado ya se considera que alrededor de10 mmbpd se atribuyen directamente al impacto del virus, y la misma trae consigo implícito el riesgo de un desplome del precio del petróleo sostenido en el tiempo, lo cual no solo desestabiliza el mercado, sino que también perjudica severamente inversiones ya comprometidas en otros sectores de la economía global

 

“El tema del almacenamiento se convierte ahora en un tema toral en la ecuación del mercado, mismo que está controlando la hoja de balances de inversionistas y traders”

El tema del almacenamiento se convierte ahora en un tema toral en la ecuación del mercado, mismo que está controlando la hoja de balances de inversionistas y traders. Los expertos en mercado como Rystad Energy y los analistas especializados ven agotado en cuestión de semanas el espacio para almacenar crudo. La tecnología existente actualmente permite el seguimiento vía satélite de todo lo que sucede alrededor del mercado petrolero, tanqueros en alta mar, tanqueros cargando, descargando, disponibles y también el almacenamiento existente en el mundo. Cada patio de tanques, bien sea de producción o refinación es registrado continuamente vía satélite, y las alertas de los sistemas que señalaban desde hace ya tiempo la manera acelerada como se venían llenando los espacios de almacenamiento, fueron obviadas, subestimando el impacto de la pandemia en gestación

Los expertos estiman que en junio pudiera llegarse al límite de la capacidad de almacenamiento, de mantenerse los niveles de producción actual, y no acelerarse los cierres acordados, y llevar los mismos hasta 20 mmbpd, como mínimo. Se estima que cada semana se están almacenando unos 50 mmbls de crudo, volumen suficiente para abastecer a Alemania, Francia, Italia, España y el Reino Unido juntos. Tomando en cuenta estos pronósticos, algunos productores de petróleo han vuelto a redactar sus contratos buscando ajustarlos a las realidades del mercado, en términos de tiempos de entrega y precios.

 

“La tecnología nos ha permitido entender que el mercado petrolero no está interconectado globalmente”

La tecnología nos ha permitido entender que el mercado petrolero no está interconectado globalmente. Por el contrario está compuesto por lunares o islas de diferentes tamaños, y algunas de ellas están conectadas por diferentes vías. Por ello la crisis de almacenamiento que se originó en Estados Unidos impactó más fuertemente el hemisferio, la región; no afectó de la misma manera el otro hemisferio: Europa y Asia – Pacífico, donde el almacenamiento aún dispone de cierto espacio. De allí que el crudo marcador Brent, se haya logrado mantener en mejor forma que su homólogo el WTI. Lo importante no es cuándo el almacenamiento total del mundo estará lleno a plena capacidad, sino cuándo cada uno de los sitios de almacenamiento regionales, alcanzan la capacidad máxima.

Estados Unidos tiene la mayor capacidad de almacenamiento de líquidos a nivel mundial con 2,162 millones de barriles (mmbls), le siguen Indonesia con 2,000 mmbls y China con 660 mmbls. Brasil tiene 160mmbls y más de la mitad de ellos en proyectos de producción costa afuera. Es una capacidad robusta, considerando su producción del orden de los 2 mmbpd. Colombia tiene una capacidad del orden de 1,5 mmbls, lo cual la coloca en una posición vulnerable considerando que su producción ya superó los 850 mbpd. En el caso de México la capacidad de almacenamiento de líquidos se estima en 30 mmbls. No obstante, esta cifra representa los almacenamientos totales de líquidos, es decir crudos y petrolíferos o productos derivados que también han sido afectados por la crisis, y que también tienen una gran importancia, pues ocupan espacios que en algunos sitios pudieran ser usados para almacenar crudo ya producido. El volumen de gasolina importada por México antes de la crisis, superaba los 800 mbpd, y este volumen que ya estaba colocado y se está recibiendo, ha obligado a usar los tanqueros de almacenamiento, lo cual ocasiona pagos adicionales por el tiempo de espera, hasta que puedan descargar.

La saturación de espacios para almacenar ha desarrollado un negocio en paralelopara los barcos o tanqueros, que la crisis los ha convertido en “patios de almacenamientos portátiles”, bien sea atracados en muelles, o en muchos casos navegando en alta mar. Como nos enseña la historia, en momentos de crisis también surgen oportunidades. En cualquier caso, lo importante de la capacidad de almacenamiento es la flexibilidad que da a un país para su seguridad energética y el suministro de su producción o productos petrolíferos.

 

 

La estrepitosa caída de la demanda mundial de crudo puede significar un hito importante para la industria respecto a un futuro energético más diversificado, un mercado futuro con un portafolio de energías sustentables. Los productores no pueden ver esta crisis como algo coyuntural, y que como en ocasiones anteriores, al pasar vuelve a ser lo de antes: business as usual. Hay que tener presente, más allá de las reflexiones filosóficas y sociales, que las economías mundiales avanzan hacia un escenario de energías más limpias y sustentables. Es así como podemos ver que, en las proyecciones de demanda de las grandes empresas petroleras, el uso del carbón como combustible se reduce y el de petróleo se mantiene.

El mercado de la energía ha despertado de repente y ahora el cuestionamiento específico no es si ocurrirá esa transición a energías alternas y limpias, el cuestionamiento ahora es cuándo ocurrirá y cómo se implementará. Ello representa un reto para las grandes empresas petroleras, pues globalmente la demanda de energía se recuperará y tomará el rumbo del crecimiento, pero seguirá buscando una matriz de energía diferente con menos carbón presente en el sistema. Las generaciones futuras ya lo están demandando y quienes tienen responsabilidades en el presente también están conscientes. Este colapso de mercados ocasionado por el coronavirus, entre muchos cambios que traerá en nuestros hábitos y costumbres, incluirá mayores esfuerzos en investigación y desarrollo, y también en la aplicación práctica de nuevas tecnologías para seguir haciendo más competitivas las energías alternas, las energías verdes que el planeta viene demandando.

 

 

Principalmente el combustible de aviación mantendrá su rol único de combustible en la industria de las líneas aéreas, por las ventajas que este provee, en términos de carga, distancias, velocidades requeridas, y que representan aún un reto para otros tipos de combustible con base en energías alternas. Aunque los hidrocarburos se mantienen como una variable importante en la ecuación energética, sí van a cambiar el papel central de proveedor de combustible, para convertirse principalmente en un proveedor de derivados. Sabemos que la molécula de carbono e hidrógeno es materia prima para otras industrias que procesan un gran número de productos, que seguirán siendo requeridos por la sociedad y, sin duda, seguirán sustentando la vida del planeta.

 

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Luis Vielma Lobo

*/ Luis Vielma Lobo, es Director General de CBMX Servicios de Ingeniería Petrolera, Director del Centro Integral de Desarrollo del Talento (CIDT) y presidente de la Fundación Chapopote, miembro del Colegio de Ingenieros de México, Vicepresidente de Relaciones Internacionales de la Asociación Mexicana de Empresas de Servicios, AMESPAC, colaborador de opinión en varios medios especializados en energía, conferencista invitado en eventos nacionales e internacionales del sector energético y autor de las novelas “Chapopote, Ficción histórica del petróleo en México” (2016) y “Argentum: vida y muerte tras las minas” (2019).