La nación es una suma

Jorge Puigbó / Original publicado en Termómetro Nacional / Mayo 11, 2021

“En nuestro país, proveniente de diversos sectores, una feroz e implacable descalificación de nuestros gobernantes, dirigentes y prohombres, incorpora a nuestra historia un sentimiento ambivalente. Se pierde la certeza cuando la historia se deforma por la ideología. No hemos sido capaces de extraer lo bueno que nos legaron, aún aquellos que son señalados por la Historia como dictadores, o malos gobernantes, han contribuido positivamente en algo, solo hay que mirar alrededor o leer las crónicas…” JP

Una nación es una comunidad de seres humanos con un mismo origen e idioma, que, a través del tiempo, comparten historia, cultura, afectos, normas, espacio y sentimientos. Las naciones se organizaron jurídicamente y constituyeron los Estados, con diferentes formas de gobierno. Sencillo. Los hombres se establecen, construyen, crecen las familias y cuentan orgullosos a sus hijos lo realizado. Honran y recuerdan a sus héroes, reafirmando sus valores y van estableciendo un hilo invisible que los une fuertemente con el pasado y a la vez contribuye a configurar y asegura el futuro. Rezan a sus dioses y  a sus muertos los entierran o riegan las cenizas en su suelo. Todo eso se repite y se repite a lo largo de siglos. Avatares como las guerras, revoluciones, epidemias, invasiones son elementos que refuerzan la solidaridad en la nación y constituyen su historia, una memoria colectiva que se incrementa y se comparte. Las naciones han surgido así, lentamente, en un devenir de incontables procesos políticos y sociales, complicados muchos, e impulsados generalmente por sueños que surgen del colectivo. Hombres de carne y hueso, en su momento, fueron forjando una estructura compleja de símbolos, ideas, mitos, de obras y monumentos, cuya finalidad es la de ser suficientes para mantener la cohesión de un pueblo.

Estamos viviendo tiempos de cambios los cuales están afectando profundamente a toda la sociedad humana, el mundo está cambiando tan rápido que las definiciones que encontramos impresas en una página, o contenidas en la WEB, no alcanzan para definir las situaciones inéditas que están ocurriendo a diario. El fenómeno más notorio que estamos observando es la llegada de regímenes autoritarios, o totalitarios, usando y manipulando la estructura legal que la misma democracia diseñó. Una vez en el poder comienzan a destruir las instituciones mediante la utilización de estrategias que se apartan de las constituciones y leyes. Logrado el objetivo de controlar el Poder Judicial y el Legislativo, comienza el proceso de instauración de sistemas donde las libertades y los derechos humanos quedan conculcados.

A la vez estos movimientos, o gobiernos, impulsan lo que yo defino como el renacer de la iconoclasia, de ellos solo cabe decir que son antisistema. El viernes siete de Mayo del presente año la estatua de Gonzalo Giménez de Quesada fundador de Santa Fe de Bogotá fue blanco de un ataque y destrucción por parte de un grupo de indígenas. Impulsados por ideologías diferentes vivimos el derrumbamiento y la destrucción de obras y monumentos que son parte de un Patrimonio Histórico.

Si sumamos otra vieja vertiente del mismo problema que se resume en la existencia de obras magníficas abandonadas, por la decisión de gobiernos, para oscurecer la obra ejecutada por anteriores administraciones, encontramos que este tipo de accionar humano tiende a destruir la memoria histórica, gobiernos que en su paranoia imponen tipos de música, cambian nombres de calles, plazas, autopistas, represas, hasta cordilleras, sin respetar el acervo popular, pretendiendo opacarla .Los padres de la patria y las personas a quienes les correspondió en su momento dirigir el País, fueron simples hombres que han cargado con sus aciertos y errores.

Una nación instruida solo con base a imágenes y ejemplos negativos de su historia y la ocultación de otros, es imposible que se constituya en un estado o patria estable. Si pudiéramos sacar un promedio del grado de aceptación que el venezolano tiene acerca de la figura de los diferentes mandatarios que han gobernado al país a través de l años, independientemente de su condición de civil, militar, demócrata o no, les aseguro que obtendríamos una bajísima calificación y me atrevería a decir que esa actitud, o inclinación negativa, se debe, indudablemente, a un aprendizaje que lo favorece e inculca, a una propaganda que expone constantemente solo el aspecto que descalifica al oponente ideológico. Lo primero que encontramos es una eterna lucha entre militares y civiles, quien tiene la mejor obra realizada, quien ha elevado a mayor altura el gentilicio, por mencionar algunos aspectos que colorean este pugilato estéril.

En nuestro país, proveniente de diversos sectores, una feroz e implacable descalificación de nuestros gobernantes, dirigentes y prohombres incorpora a nuestra historia un sentimiento ambivalente. Se pierde la certeza cuando la historia se deforma por la ideología. No hemos sido capaces de extraer lo bueno que nos legaron, aún aquellos que son señalados por la Historia como dictadores, o malos gobernantes, han contribuido positivamente en algo, solo hay que mirar alrededor o leer las crónicas.

Venezuela, mirando al futuro inmediato, debe rescatar lo positivo, lo que nos integra, lo que nos engrandece, lo que nos cohesiona, lo que nos asombra por bello, lo artístico todo, la música toda.  La máscara de la intolerancia y la mezquindad no permiten ver hacia los lados, ni juzgar con serenidad y justicia. En ningún caso estamos fortaleciendo la existencia de nuestra Nación, exaltando solo lo negativo.

Rondan enemigos internos y externos, la unión se impone.

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Jorge Puigbó
Abogado/Retirado
Lecherías
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