En mi blog de Abril 11, 2022

Hotel Lagunillas, 3 a.m. Julio 1963: encuentro que cambió mi vida

Por Gustavo Coronel


 

Lago de Maracaibo, perforando un pozo

Décimo viaje a Serendipia

HOTEL LAGUNILLAS, 3 a.m. de un día de Julio, 1963. ENCUENTRO QUE CAMBIÓ MI VIDA

En mi narración anterior describí las circunstancias que me llevaron a Lagunillas, prácticamente a comenzar de nuevo mi carrera en SHEL, después de estar seis años en el Departamento de Exploración. Al cabo de seis meses en Lagunillas logré convertirme en un buen ingeniero de operaciones lacustres, ayudado por un grupo de compañeros maravillosos, casi todos más jóvenes que yo.

Mi trabajo me llevaba al Lago con frecuencia, a todas horas, cada vez que un pozo estaba cercano a la profundidad final y debía ser evaluado y completado como productor, o abandonado por no presentar indicios de petróleo comercial. A cualquier hora del día o de la noche mi presencia podía ser requerida en la gabarra de perforación, para lo cual llamaba al servicio de helicópteros. En varias ocasiones debí llegar a una gabarra situada en el centro del lago o regresar a tierra en aquellas frágiles burbujas voladoras, bajo una tormenta, con el relámpago del Catatumbo rompiendo la negrura de la noche por segundos. Me sentía orgulloso de hacer ese trabajo sabiendo que, mientras Venezuela dormía plácidamente, estábamos generando la riqueza que le daba a la nación el ingreso necesario para que pudiese atender debidamente a sus ciudadanos.

Una madrugada de 1963, después de supervisar la completación de un pozo, regresaba del lago muy cansado, con la ropa manchada de barro y aceite. Me dirigía a mi habitación del Hotel Lagunillas (aún no tenía una casa en el campo y Marianela y mis dos hijos vivían en Maracaibo con mis suegros). Entré al hotel en el momento en el cual venía saliendo una pareja vestida de etiqueta, él de elegante smoking tropical, ella – muy bella – de traje largo y fumando un delgado tabaco. El contraste no podía ser más grande entre la pareja tan acicalada y mi facha.  Nos encontramos frente a frente y el señor dijo: “Me reconforta saber que hay alguien trabajando en la empresa mientras nosotros estamos de fiesta, ¿cómo es su nombre”?

“Gustavo Coronel”, le respondí. “”Soy geólogo de la empresa y vengo del lago”.  La bella mujer me preguntó: “¿fue a atender al nacimiento de un nuevo bebé”? Y le dije, sonriendo: “Así fue, señora”.

Nos dimos las buenas noches y cada quien siguió su camino. Si hubiera entrado al hotel cinco minutos antes o cinco minutos después, nunca me hubieran visto.   

Pero, nos encontramos y ello cambió mi vida. Como supe después, me había encontrado con C.C. Pocock y su esposa Nina. Pocock era ya vicepresidente de Shell Venezuela e iría, eventualmente, a ser presidente de la empresa y el presidente mundial (CEO) de Shell. Cuando nos encontramos estaba pasando una semana de familiarización con las operaciones de producción de la empresa.

 Un par de días después me llamó Raiza Prado, quien era la asistente del Gerente General de Lagunillas, y me dijo que el Sr. Pockock deseaba verme. Al llegar a la oficina Raiza me dijo: “Tiene como media hora leyendo tu archivo y riéndose a carcajadas”.

Al sentarme a hablar con Pocock me preguntó por mi carrera y como me sentía en la empresa. Yo le dije que me sentía bien, que  había tenido un contratiempo en la empresa y había sido enviado a Lagunillas, lo cual él ya sabía por haber leído mi archivo. Me preguntó si pensaba que mi salario era el adecuado y le respondí que era un poco bajo, al compararlo con los de mis colegas de menor experiencia.

Un poco después de esta reunión Pocock me llamó de nuevo a su oficina para informarme que mi nuevo salario sería un 25% mayor del que tenía en ese momento y para preguntarme si yo estaría dispuesto a ir a trabajar con la empresa en Balikpapan. Yo respondí,  agradeciendo el aumento sustancial de remuneración y preguntando, “donde queda Balikpapan”?

El Sr. Pocock me explicó: “Balikpapan está en Kalimantan, nombre que Indonesia le da a su porción de la isla de Borneo. Allí tenemos un campo petrolero a unos 50 kilómetros de la costa, llamado Tandjung, donde producimos unos 60.000 barriles diarios de petróleo muy parafinico. Transportamos ese petróleo por oleoducto a Balikpapan donde está la oficina principal y donde tenemos una refinería. Es una producción que tiene excelente demanda y que no queremos perder de exportar. Sukarno está expulsando a todo nuestro personal holandés e inglés y el partido comunista de la isla amenaza con tomar nuestras instalaciones. Estamos estructurando un equipo de expertos de múltiples nacionalidades – sonrió levemente – una especie de legión extranjera, para manejar el campo y mantener la exportación de nuestros productos. Si usted, Gustavo, acepta ir, sería nuestro gerente de geología de producción en Kalimantan, a cargo de manejar todo lo referente a su especialidad. Tendría un staff de cuatro geólogos indonesios como sus colaboradores y  estamos dispuestos a ofrecerle un paquete de remuneración cuatro veces mayor de lo que usted tiene en este momento, además de darle una promoción al nivel gerencial.  “Debo añadir – continuó Pocock –  que si acepta ir tendría que ser solo, al menos por un período de tiempo que no podemos precisar aún, porque la situación allá es delicada. No sabemos quién está realmente en el poder en Balikapan. La empresa le pediría firmar una carta eximiéndola de toda responsabilidad por lo que pueda sucederle en Indonesia y le aconsejará hacer un testamento y dejarlo en poder de la familia”.

Prometí pensarlo y me fui a Maracaibo, a compartir todo aquello con Marianela. Esperando el ferry (aún no existía el puente), trataba de digerir todo aquello y pensaba:

Balikpapan  está cerca de Bali,  ¿estará por allí todavía Dorothy Lamour?

Para ir allá hay que pasar por Hong Kong, una de las ciudades más atractiva y más exótica del planeta.  

Y también pensaba: “es muy peligroso. ¿Valdrá la pena?  Tendré que estar sin la familia por un tiempo indefinido. ¿Qué pasa si digo que no, que futuro puedo esperar en la empresa si me niego a ayudarla en esta crisis?

Al llegar a Maracaibo me senté con Marianela y entre los dos tomamos la decisión de irme a Indonesia, en las condiciones estipuladas, sabiendo los riesgos y en vista de los posibles beneficios. Después supe que, de las 15-20 personas en Venezuela a quienes SHELL propuso el viaje, solo cuatro aceptamos: Frank Rubio, Roberto Rodríguez, Emmanuel Valbuena y yo. Frank falleció hace algunos años y nunca más he podido contactar a Roberto y a Emmanuel.  Nos fuimos a Indonesia y no exagero al decir que,  durante nuestra estadía allá, experimentamos algunas aventuras de vida o muerte. Sin embargo, al cabo  de un año, la situación en Indonesia mejoró y  nuestras familias pudieron reunirse con nosotros. En mi novela “El Petróleo viene de La Luna”, la cual puede leerse gratuitamente en www.armasdecoronel.comdedico un capítulo a la estadía en Indonesia.  

Mi comportamiento en Balikpapan recibió elogios de mis supervisores y, cuando regresé a Venezuela, ya mi carrera ascendente en SHELL estaba pre-determinada. Sería llevado gradualmente a director de la empresa o, eventualmente, su presidente, ya que mi  potencial fue definido como “U”, es decir, ilimitado.

Durante mi estadía en Indonesia había ahorrado casi todo mi dinero y pude regresar a Maracaibo con unos U.S. $120.000, los cuales nos sirvieron para viajar por dos meses por Asia, Hawái y California y, al llegar a Venezuela, construir nuestra primera casa en Maracaibo.  

El encuentro con Pocock y su esposa en Lagunillas ciertamente cambió mi vida. Luego vendrían otras experiencias, algunas aún más maravillosas. Ese encuentro fortuito con los Pocock quizás no fue tan fortuito. Sucedió porque yo había aceptado previamente ir a Lagunillas, al enfrentar abiertamente mis debilidades y había decidido pagar el precio de mejorarlas.  Creo que esas decisiones me llevaron a ese encuentro en el hotel Lagunillas, a las tres de una madrugada de 1963, un encuentro que cambió mi vida.

 Walt Whitman escribió: Now voyager sail thou forth to seek and find”. 

                Ahora, viajero, anda a navegar,  a buscar y a encontrar”.

 Publicado por Gustavo Coronel

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