
Ene 05, 2026
La Cuatro Etapas de PDVSA: 1976 – 2025
La nacionalización de la industria petrolera venezolana fue un evento político enmarcado dentro de tendencias mundiales hacia mayores niveles de participación de los países productores de petróleo en el manejo directo de su industria.
Gustavo Coronel
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No tenía por qué llevarse a cabo, si la nación deseaba mayor participación económica o de control de resultados, pero atendió a deseos de soberanía y de orgullo nacional de gran fuerza. En el momento en el cual la decisión política fue tomada, la participación y control de la nación sobre su industria habían llegado a puntos muy altos, sin riesgo financiero, puesto que las concesionarias debían aportar dinero fresco para las nuevas inversiones. Lo que si es cierto es que estas inversiones se habían reducido mucho, debido a que se aproximaba el final del periodo concesionario, el cual terminaba en 1983. La decisión política de no más concesiones, en gran sentido, fue la que llevó a la nación a dar el paso nacionalizador.
En escritos anteriores he dividido la historia de Petróleos de Venezuela en cuatro etapas, las cuales están caracterizadas por una tendencia subyacente a la captura de la industria petrolera nacionalizada por el sistema burocrático nacional, con disminución progresiva de su carácter de empresa comercial independiente de los vaivenes políticos. Aunque durante tres de estas etapas PDVSA mostrara, en general, un comportamiento corporativo que pudiéramos llamar razonable, lo cierto es que fue finalmente capturada totalmente por el grupo político en el poder y llevada a la ruina.
PRIMERA ETAPA: 1976-1983
La Luna de Miel
Durante esta primera etapa el impecable comportamiento del gobierno de Carlos Andrés Pérez y el inmenso prestigio personal del general Rafael Alfonzo Ravard permitió a PDVSA trabajar con total independencia. Durante esta etapa PDVSA llevo a cabo un complicado proceso de racionalización, llevando las 15 empresas operadores de gran, mediano y pequeño tamaño a cuatro empresas integradas de similar tamaño. La exploración se encontraba paralizada ya que las empresas concesionarias, enfrentadas a un proceso de reversión a plazo fijo, habían dejado de invertir en ese sector. En 1950 la industria había tenido 800 geólogos y geofísicos
involucrados en la búsqueda de petróleo. Al momento del nacimiento de PDVSA quedaban menos de 40. Las reservas estaban al nivel de unos 18000 millones de barriles, suficiente para un poco más de 20 años a la tasa de producción del momento. La producción había aumentado hasta los límites máximos permisibles, ya que las empresas concesionarias trataban de maximizar sus
ingresos en el corto tiempo de vida que restaban a las concesiones. Las plantas de refinación estaban orientadas a la producción de los llamados combustibles residuales, para la calefacción, el cual había sido por largos años el producto requerido por el principal cliente de la industria petrolera venezolana, los Estados Unidos. Los yacimientos petrolíferos mostraban señales claras de agotamiento parcial. En líneas generales, PDVSA heredó una industria en franca desinversión.
La directiva de PDVSA, compuesta casi exclusivamente por petroleros retirados o por personas de gran prestigio, pero sin experiencia directa en la industria, hicieron lo más sensato: delegaron en las empresas filiales operadoras el manejo de la industria y se concentraron en supervisar la planificación financiera y técnica y en asegurarse de que los proyectos a llevarse a cabo fuesen de calidad y de la más alta prioridad.
La luna de miel estuvo caracterizada por el empeño de Rafael Alfonzo Ravard en adelantar estrategias fundamentales en los campos de la meritocracia, autofinanciamiento, apoliticismo, normalidad operativa y gerencia profesional. Este quinteto de estrategias sería repetido incesantemente por Alfonzo Ravard en todos sus discursos y en todas las ocasiones posibles. Le daba especial importancia a este mantra como agente efectivo de internalización intelectual en sus gerentes, de transformación de una idea en actitud.
La meritocracia fue, quizás, la bandera más importante. La selección de los nuevos gerentes o directores de las empresas operadoras estaba basada en un análisis bastante profesional de las cualidades de cada uno. Más aún, la identificación de puntos débiles en los candidatos llevaba generalmente a entrenamiento específicamente diseñado para remediar sus vulnerabilidades.
Asistí con frecuencia a reuniones dedicadas a analizar las cualidades, puntos débiles y futuro desarrollo de un gerente medio o de alto nivel que tomaban cinco y seis horas del grupo evaluador.
Durante esta etapa la empresa experimentó un espectacular proceso de recuperación en casi todos los órdenes.
Las inversiones se cuadruplicaron en bolívares constantes al pasar de Bs. 2300 millones en 1976 a Bs. 7.600 millones en 1981. Esto demuestra el gran esfuerzo que tuvo que hacerse en el plano organizativo, pues la industria venía de una década en la cual la inversión había ido reduciéndose. Una organización que se acostumbra a no invertir requiere de un esfuerzo mayor para cambiar de actitud y para invertir eficientemente. Los costos operativos, por su parte, tendieron a reducirse, en términos constantes, pasando de Bs. 6.600 millones en 1976 a Bs. 6.400 millones en 1978, para subir levemente hasta Bs. 7100 millones en 1981. En estos costos operativos se incluían los contratos tecnológicos y de comercialización suscritos con las empresas exconcesionarias, así como los gastos de reparación de pozos, los cuáles eran de naturaleza reproductiva, ya que resultaban en un incremento de la producción a corto plazo.
Exploración, Producción y Reservas.
La actividad exploratoria por sismógrafo recibió atención desde el primer momento. En 1976 se contrataron 6.454 kilómetros de líneas sísmicas, cifra que subió a 33.849 kilómetros en 1980 y 13.522 kilómetros en 1981. Esta actividad es la precursora de la perforación exploratoria, que genera verdaderos electrocardiogramas del subsuelo que apuntan hacia las áreas más promisorias desde el punto de vista petrolífero. En base a esta actividad, se perforaron 52 pozos exploratorios en 1976, cifra que llegó a 350 pozos en 1980 y a 309 pozos en 1981.
La producción de la empresa se mantuvo esencialmente constante desde 1976, cuando la producción promedio fue de 2.294.000 barriles diarios, subiendo ligeramente en 1978 hasta un promedio de 2.356.000 barriles diarios para colocarse en 2.107.000 barriles por día en 1981. Es importante apuntar que estos niveles de producción fueron mantenidos por medio de un intenso esfuerzo de perforación de desarrollo y de reparaciones de pozos. Los pozos de desarrollo se triplicaron desde 1976 a 1981 y las reparaciones y reacondicionamientos de pozos se duplicaron durante este período. De allí que la exploración de nuevas áreas fuese tan importante, aunque el impacto de la exploración sobre los niveles de producción no se puede ver antes de un cierto período de tiempo, generalmente de cinco a siete años. Las reservas probadas, aquellas cuya certeza de existir era muy alta, aumentaron, al pasar de 18.220 millones de barriles en 1976 a 20.154 millones de barriles en 1981.
La planificación de la modernización de las refinerías venezolanas comenzó en 1976. Durante la etapa de 1976-1983 estos estudios y los trabajos de modificación y modernización de las plantas consumieron mucho del período. La capacidad de refinación y los niveles de procesamiento se mantuvieron esencialmente estáticos, en 1.450.000 barriles por día y alrededor de 92% de utilización de las plantas. Sin embargo, se comenzó a experimentar una mejora en los rendimientos, de forma tal que la producción de combustibles residuales de alto contenido de azufre, los productos de menor valor en los mercados fueron declinando, al pasar de 451.000 barriles por día a unos 327.000 barriles por día en 1981, mientras que los productos más valiosos comenzaron a subir ligeramente.
Un aspecto negativo fue el incremento del consumo en el mercado doméstico, el cuál pasó de 244.000 barriles diarios en 1976 a 369.000 barriles diarios en 1981, con precios altamente subsidiados. Para empeorar esta situación, muchos de los volúmenes consumidos localmente eran los de mayor valor, gasolinas y destilados. Esta es una situación que se iría a perpetuar y a empeorar, convirtiéndose en uno de los errores estratégicos y políticos más graves de todos los gobiernos que hemos tenido.
Otro aspecto de la nueva empresa que preocupó a muchos durante sus primeros seis años de vida fue el aumento de la nómina de trabajadores, la cual pasó de 23.670 en 1976 a 42.353 en 1981. Por supuesto, mucho del incremento era explicable. Los niveles de actividad exploratoria y de producción habían aumentado significativamente y, sobre todo la producción tenía múltiples actividades que requerían más mano de obra.
La izquierda venezolana comenzó a hacer ruido en este sentido, olvidando que la industria petrolera concesionaria, antes de la etapa de contracción causada por la cercanía de la reversión, había tenido niveles de empleo similares.
Durante esta etapa el general Alfonzo Ravard estuvo al mando de la empresa y se mantuvo la continuidad gerencial y operativa que la industria requería. Sin embargo, ya en 1979 se comenzó a resquebrajar la unánime conducta de respeto que el mundo político había mantenido frente a PDVSA. El nombramiento de la nueva Junta Directiva de PDVSA abandonó parcialmente los sanos criterios de administración.
Los problemas aparecieron con las modificaciones que se le hicieron a los reglamentos de la empresa, entre ellos, el nombramiento de dos vicepresidentes, la facultad del gobierno de asignar áreas de competencia a los directores de la empresa y la facultad del gobierno de analizar en detalle los presupuestos de la empresa matriz y de las empresas operadoras. La aprobación previa de los presupuestos-programa abrió otra puerta a la politización de la empresa.
Ya para 1979 se había disipado mucho del temor reverencial que los políticos le tenían al lenguaje de los técnicos y ya muchos de ellos habían llegado a pensar que ellos podían manejar la industria tan bien como los técnicos, quienes “ni siquiera parecían ser muy patriotas”. Celestino Armas decía, desde el Congreso: “Les hemos dado [a los técnicos] demasiada libertad”, mientras que el líder comunista Radamés Larrazábal alegaba que “el estado debía tomar el control de la exploración de la faja del Orinoco y establecer contratos tecnológicos de estado a estado”. (El Nacional, junio 8, 1979, pág. D17). Hugo Pérez La Salvia, quien había sido ministro del sector durante la presidencia de Rafael Caldera, fue un poco más lejos, al decir: “Siempre he dicho que heredamos la gerencia de las multinacionales y creo que esos gerentes tienen una mentalidad derivada de su trabajo con las concesionarias”.
(Auténtico, #90, Marzo 5, 1979)
SEGUNDA ETAPA: 1983-1991
Éxitos Tecnocráticos y Primeras Indicaciones de Contaminación Política
Durante esta etapa Petróleos de Venezuela se consolidó como empresa petrolera de rango mundial. Los estudios y la exploración llevada a cabo durante la Primera Etapa dio sus frutos. Las reservas probadas crecieron hasta llegar a los 65.000 millones de barriles en 1992, es decir, más de tres veces superior al nivel de reservas probadas que existían al inicio de las actividades de PDVSA en 1976.
La capacidad de refinación se mantuvo alrededor de 1.200.000 barriles al día, pero el rendimiento de gasolinas casi se duplicó, pasando de 183.000 barriles por día en 1976 a unos 340.000 barriles por día en 1992. El combustible residual de alto azufre se colocó a niveles bajos, apenas unos 240.000 barriles al día, prácticamente la mitad de lo que era en 1976. Para todo efecto práctico se le dio un vuelco positivo a la calidad del paquete de exportación de productos.
El consumo doméstico de gasolinas se incrementó, pero no dramáticamente, al pasar de 115.000 barriles por día en 1976 a unos 175.000 barriles por día en 1992. La nómina de empleados siguió creciendo, pero a un ritmo mucho menor que durante la primera etapa, colocándose en 55.000 en 1992.
Durante estos 13 años PDVSA tuvo seis presidentes y juntas directivas: Rafael Alfonzo Ravard (1981-1983), Humberto Calderón Berti (1983- 1984), Brígido Natera (1984-1986), Juan Chacín (1987-1988), Andrés Sosa Pietri (1989-1991) y Gustavo Roosen (1992-1993). Ello se debió a que el período de cada presidencia fue acortado de cuatro a dos años, una medida poco sensata que contribuyó bastante a la intensificación de las maniobras entre los potenciales candidatos a la presidencia y, aún en mayor escala, entre los candidatos a la Junta Directiva.
Un rasgo característico de esta etapa fue un ligero empobrecimiento cualitativo de las directivas, al llegar a esas posiciones algunas personas quienes no calzaban los puntos necesarios para haber llegado allí, algunos cuyo mayor mérito era la amistad con el ministro o su identificación con el partido de gobierno. Esto no quiere decir que no existieran distinguidos profesionales a ese nivel. Por supuesto que si los había y ellos seguramente asumieron más de su porción de responsabilidades para compensar por la debilidad de algunos de sus colegas. El área bastante fuerte de PDVSA en esta etapa fue la de los coordinadores.
Quien vea el Informe Anual para 1991, por ejemplo, y se encuentre con coordinadores de la talla de Alonso Velasco, Humberto Vidal, Juan Carlos Gómez, Nelson Olmedillo y Vicente Llatas y, a nivel de las empresas operadoras, con gerentes verdaderamente estelares como Jorge Zemella, Julio Trinkunas, Joaquin Tredinick, Mario Rodríguez, Ángel Olmeta, Arnold Volkenborn, Alfredo Gruber, Hugo Finol y Gustavo Inciarte, podrá ver que, con un equipo humano de esta calidad, el progreso de PDVSA estaba prácticamente garantizado.
Sin embargo, el proceso destructivo del comején político había comenzado. Se inició desde afuera hacia adentro pero no tardó mucho en establecerse dentro de la organización. Como es natural, los menos competentes vieron en la manipulación política, en el acercamiento meloso a los poderosos, una vía abierta para el progreso. La identificación con el partido de gobierno se convirtió en una herramienta útil para progresar dentro de la empresa.
Durante la primera fase de esta etapa la industria petrolera entró en una crisis mundial. En Agosto de 1982 las reservas internacionales de Venezuela habían perdido unos tres mil millones de dólares y existía una fuerte fuga de capitales. En Septiembre de 1982 el gobierno de Luis Herrera procedió a ponerle la mano al fondo de inversión de PDVSA, a pesar de la protesta general de la oposición. Leopoldo Díaz Bruzuál, presidente del Banco Central, se permitió decir que “la industria petrolera era poco productiva” (RESUMEN, #436, Marzo 14,1982) a fin de justificar la acción del gobierno.
En Septiembre 1983 el gobierno de Luis Herrera nombró la nueva Junta Directiva de PDVSA. La gerencia de la industria y buena parte de la opinión pública esperaba que el nuevo presidente saliese de las filas de la industria, en las cuáles los candidatos de mayor jerarquía eran Guillermo Rodríguez Eraso, presidente de Lagoven y Alberto Quirós Corradi, presidente de Maraven. El presidente seleccionado por el gobierno fue el hasta entonces ministro de Energía y Minas, Humberto Calderón Berti, un competente profesional que venía, sin embargo, del sector político.
El sector político aumentó su crítica de PDVSA.
Los políticos extremistas habían aprovechado las declaraciones de Gonzalo Barrios sobre los “gastos dispendiosos” en la industria petrolera nacionalizada para pedir controles más severos sobre la gerencia petrolera, lo cual llevó a establecer el control previo para PDVSA, una decisión que casi inevitablemente conduciría a la politización progresiva de la empresa.
Durante la campaña para elegir al sucesor del presidente Luis Herrera, el candidato de Acción Democrática, Jaime Lusinchi, hizo de la remoción de Calderón un punto de honor, lo cual reforzó el sabor político de las presidencias en PDVSA. Al ser elegido nombró presidente de la empresa al geólogo Brígido Natera.
Durante su presidencia se adquirió la empresa Citgo y se contrató la operación de la refinería Isla en Curazao por parte de PDVSA. En cierta forma la internacionalización comenzó con Natera, aunque no se fortalecería sino varios años después. Natera gustaba de repetir que la industria petrolera era “diferente”: tenía disciplina en el trabajo, respeto por las normas y procedimientos y puntualidad. En el Congreso Nacional tuvo momentos de franco enfrentamiento con el mundo político. Terminó renunciando porque no pudo coexistir pacíficamente con un entorno cada vez más politizado.
Su reemplazo, el geólogo Juan Chacín, fortaleció la estrategia de internacionalización. La capacidad de refinación se había duplicado, gracias a la incorporación de refinerías en el exterior en las cuáles PDVSA poseía participación.
Las exportaciones se habían estabilizado al nivel de los 1.500.000 barriles por día de crudos y productos. Durante la presidencia de Juan Chacín se estableció una buena relación entre PDVSA y el ministro del sector, Arturo Hernández Grisanti.
Esta relación armoniosa se rompió al llegar a la presidencia de PDVSA Andrés Sosa Pietri y al ministerio del sector Celestino Armas. El nuevo presidente de Venezuela, Carlos Andrés Pérez, consideró que el presidente de PDVSA no debía ser un petrolero salido de las filas de la industria. “PDVSA no es el ejército”, argumentó.
Por lo tanto, le ofreció la presidencia de la empresa a Pedro Tinoco, Julio Sosa Rodríguez, Enrique Machado Zuloaga, Jorge Pérez Amado, hasta que, al final, Andrés Sosa Pietri le aceptó el cargo. El triángulo Sosa Pietri-Pérez-Armas probó ser explosivo. Sosa Pietri se manifestó desde el comienzo partidario de la internacionalización, de expandir PDVSA, de abandonar a la OPEP si esta organización no le permitía a PDVSA expandirse a los niveles deseados. El ministro Armas y el presidente Pérez no eran partidarios de la internacionalización sino de la llamada internalización, la cual consistía en aprovechar en el plano doméstico la actividad petrolera para generar valor agregado dentro del país. El ministro Armas y su viceministro Napoleón Lista hablaban de tomar el control gerencial de la industria.
Sosa Pietri, por su parte, promovió un plan de expansión de la empresa que la llevaría a tener una capacidad de producción de 3.500.000 barriles de petróleo al día, a la industria petroquímica a producir 10 millones de toneladas métricas al año y a producir 200.000 barriles diarios de Orimulsión en 1995.
La visión de Sosa Pietri era la de convertir a PDVSA en una corporación energética global mientras que el gobierno deseaba una PDVSA viendo hacia adentro y muy alineada con la OPEP. Cuando Sosa incrementó la producción para almacenar el excedente de la cuota OPEP, el gobierno se lo prohibió. No solo lo prohibió, sino que incrementó el Precio Fiscal de Exportación, una reliquia de la época concesionaria utilizada por el gobierno para ordeñar a PDVSA. Ello llevó a Sosa Pietri a tener que endeudar a PDVSA para el financiamiento de sus proyectos. Sosa deseaba incrementar el papel del sector privado en la industria petrolera pero el gobierno se oponía. En el plano organizacional interno se incrementó la tirantez entre coordinadores y directores. El ministerio deseaba nombrar directamente a las Juntas Directivas de las empresas filiales y el ministro Armas envió un oficio a Sosa Pietri en ese sentido. Según alegó Sosa, algunos de sus directores comenzaron a erosionar su posición y a alinearse con el ministro. Dijo: “Los directores me fueron abandonando”. Hasta los vicepresidentes, alegó Sosa, lo adversaron. En esta situación de gran pugna interna, muy lesiva para la empresa y para el país, terminó el período de Sosa Pietri.
Fue reemplazado por Gustavo Roosen, un gerente de primera línea y de maneras más suaves que Sosa Pietri. Roosen se concentró en consolidar la empresa en los mercados internacionales. En 1991 la empresa produjo y vendió los volúmenes más altos de su relativamente corta historia, aprovechando la crisis política del Oriente Medio. Sin embargo, la empresa entró en dificultades financieras debido a la necesidad de hacer inversiones cuantiosas para mejorar su capacidad de producción y a la existencia de una fuerte carga impositiva que llegó en ese año a representar el 82% de sus ganancias netas. El valor fiscal de exportación, que había sido aumentado al 20% (valor de exportación se calcula a un 20% superior del valor real de venta, para efectos de pago del impuesto sobre la renta) durante el período presidencial de Sosa Pietri estaba en proceso de ser reducido a 18% y sería eventualmente eliminado en 1996. Roosen pensó que las inversiones requeridas por la industria petrolera necesitarían la participación del sector privado nacional e internacional. En ese sentido, Gustavo Roosen comenzó a promover el proceso que luego se llamaría “la apertura”.
TERCERA ETAPA: 1993-1999
Apertura Petrolera. Actividad Política La Empresa Única
La llegada de Rafael Caldera a la presidencia en 1993, llevó al Ministerio de Energía y Petróleo al ingeniero Erwin Arrieta. En una sorprendente decisión el ministro Arrieta terminó de un plumazo con el sistema de ascensos basado en la meritocracia, uno de los pilares sobre el cual había descansado, con algunos tropiezos, la industria petrolera estatificada. Arrieta recomendó al presidente Caldera el nombramiento de Luis Giusti para la presidencia de PDVSA. Giusti era en ese momento vicepresidente de Maraven, una de las empresas filiales. Ello significaba pasar por encima de los presidentes de esas filiales, Julio Trinkunas, Roberto Mandini, Arnold Volkenborn y Eduardo López Quevedo.
Esta recomendación, aceptada por Caldera, le dio un palo cochinero a las normas de PDVSA. No se trata, por supuesto, de que Giusti careciese de méritos. Giusti era un gerente brillante, intelectualmente agudo, con una visión amplia del negocio. Pero ello también era cierto de Volkenborn, Trinkunas, Mandini y López Quevedo. Lo que parecería a muchos como un asunto meramente formal y sin importancia, fue para la gerencia de PDVSA el aviso del final de la meritocracia. En una corporación meritocrática y organizada el sistema de ascensos está preestablecido de tal manera que pudiera parecer monótono. En el grupo Shell se decía que, cuando un presidente se retiraba, se empleaba a un nuevo mensajero (office boy), para ilustrar lo férreo del sistema de ascensos.
El impacto de esta decisión en el seno de PDVSA fue muy negativo. A pesar de que el presidente Giusti continuó hablando de meritocracia, este concepto perdió mucho de su contenido y pasó a formar parte de la retórica vacía que los venezolanos acostumbran a asociar con el mundo político.
El planteamiento estratégico esencial de PDVSA desde el inicio de la presidencia de Giusti fue la apertura al capital privado. Para el nuevo presidente la expansión de la industria petrolera era necesaria pero no debía significar, solamente, el crecimiento de PDVSA, sino un incremento en el aporte del sector privado internacional y nacional a esa expansión.
No hay dudas que, después de la presidencia del General Alfonzo Ravard, ninguna otra presidencia tuvo mayor impacto en PDVSA que la de Luis Giusti. Durante su presidencia se tomaron decisiones estratégicas muy importantes, algunas muy positivas.
La decisión de abrir las actividades de exploración y producción de PDVSA al capital privado nacional y extranjero fue positiva. La razón principal fue sencilla. Se trataba de potenciar la capacidad de crecimiento de la industria petrolera mediante el aporte de recursos financieros, técnicos y gerenciales privados. Esto es lo que cualquier buen gerente, sin complejos de inferioridad o camisas de fuerza ideológicas haría. La apertura estuvo dirigida a la intensificación de la exploración para aumentar las reservas probadas, al aumento de la actividad de producción y al desarrollo de la Faja del Orinoco.
Una fase de la apertura se dirigió a contratos de operación con empresas privadas en áreas de producción ya existentes, las cuáles no eran lo suficientemente atractivas para la inversión directa de los limitados recursos financieros de PDVSA.
Se firmaron 33 convenios operativos de este tipo a partir de 1993, los cuáles añadieron unos 400.000 barriles diarios de producción. Se firmaron convenios de riesgo, en los cuáles las empresas contratistas aportaban los recursos financieros necesarios para explorar, el aspecto más riesgoso de la actividad. Se licitaron ocho bloques bajo esta modalidad, con la participación de 16 empresas privadas. Esta actividad produjo nuevas reservas probadas de unos 500 millones de barriles, con una inversión de $700 millones enteramente aportada por las empresas privadas.
Durante esta actividad se utilizó un 80% de servicios y equipos nacionales
En la Faja del Orinoco se establecieron varios proyectos paralelos con la participación de siete empresas petroleras grandes, poseedoras de tecnología avanzada, lo cual permitió aportes importantes de nueva producción de crudos mejorados.
En sentido estricto, la apertura petrolera acercó más el proceso de la industria petrolera venezolana a una verdadera nacionalización. Lo que había ocurrido en 1976 había sido una estatificación de la industria, llegándose al absurdo de “nacionalizar” una empresa nacional como era Mito Juan. La apertura permitió que empresas venezolanas entraran más de lleno en el negocio petrolero.
Sería casi risible, si no fuera trágico, el énfasis casi religioso que el mundo político le ha dado siempre al asunto petrolero, convirtiendo la industria en esclava de dogmas e ideologías que van contra su naturaleza eminentemente comercial y abierta al mundo. Lo cierto es que la industria petrolera es un negocio que debe manejarse profesionalmente, sin resabios patrioteros. Cuando el patrioterismo sienta sus reales en la industria petrolera sucede lo que le sucedió a PEMEX, a YPF Argentinos, a YPFB en Bolivia, a PERTAMINA en Indonesia y a PETROBRAS en su primera etapa “nacionalista”.
Aunque ya el proceso de internacionalización había comenzado durante la presidencia de Calderón Berti, se acentuó durante la presidencia de Luis Giusti. PDVSA se consolidó como una corporación energética internacional, abierta al mundo, al nivel de las más grandes empresas petroleras del planeta. No importa cómo se le evaluara, si desde el punto de vista de reservas, de producción, de ventas, de ganancias o de calidad gerencial, en 1991 PDVSA era la empresa número 43 en la lista de las primeras 500 corporaciones mundiales de la revista “FORTUNE”.
Termina el modelo de multiempresas y se convierte a PDVSA en empresa única
Uno de los aspectos más controversiales surgidos durante el debate que precedió a la estatificación de la industria petrolera, 1974-1975, fue el de la naturaleza que debía tener la empresa petrolera estatificada.
De nuevo, este debate llegó a adquirir ribetes casi “religiosos”. Los “estatificadores” extremos deseaban ver a una sola empresa petrolera propiedad del estado, un monopolio del estado, bajo control del ministerio del sector (CVP). Los “nacionalizadores” y los gerentes de la industria pensaban que el concepto de una sola empresa del estado estaría condenado al fracaso, tal y como ha sucedido en casi todos los países que poseen el monopolio estatal del recurso.
El modelo aceptado finalmente fue único en el mundo: cuatro empresas operadoras, integradas, bajo una casa matriz de coordinación estratégica y financiera. Este modelo garantizó el éxito de PDVSA por 20 años. Sin embargo, para tener este modelo había que pagar un precio en duplicación de personal y mayores costos. Sin embargo, este era un precio moderado en relación con sus beneficios, el cuál permitía la búsqueda de la excelencia gerencial y la comparación de la eficiencia entre las varias empresas.
Además, cada empresa era un centro de rentabilidad. La empresa única o, peor aún, diferentes empresas funcionales, se hubiesen convertido rápidamente en centros de costos, incapaces de medir su eficiencia. Bajo la presidencia de Luis Giusti se decidió, no sin algunos argumentos fuertes a favor, convertir a PDVSA en una empresa única, con divisiones que pretendieron ser unidades de negocios, pero que resultaron ser grandes divisiones por función. Para todo efecto práctico ello convirtió a PDVSA en una empresa operadora única. Alberto Quirós dijo, en su momento, que ello convertía “a los directores de PDVSA en operadores directos”, perdiéndose la visión corporativa.
CUARTA ETAPA: 1999-2025
La Destrucción de PDVSA

Junta Directiva 2023
Con la llegada de Hugo Chávez a la presidencia de la república comenzó la destrucción de PDVSA y de la nación. Aunque muchos teníamos grandes temores sobre lo que este personaje pudiera hacer con el mando, nadie se imaginó cabalmente lo que le esperaba al país bajo la bota de este paracaidista ignorante y profundamente acomplejado.
Su primer acto en materia petrolera fue despedir a Luis Giusti, a quien veía como la personificación de la odiada tecnocracia petrolera. En el primer momento puso en su lugar a Roberto Mandini, quien había tenido desavenencias serias con Giusti y le sonaba, por ello, más digerible. Mandini era un tecnócrata casi químicamente puro. Al llegar a PDVSA solo pudo actuar de la única manera como siempre había actuado, como un gerente muy apegado a los principios universales de la gerencia moderna.
A Mandini le molestó que le pusieran un comisario político al lado, Héctor Ciavaldini, quien había sido sacado de PDVSA anteriormente por mediocre. Ciavaldini entró a la empresa como director y por algún tiempo su presencia en la empresa coexistió, de manera bastante grotesca, con una demanda que había introducido en base a un informe psiquiátrico firmado por el Dr. Edmundo Chirinos. Este asunto daba ya la pauta de lo que se le venía encima a PDVSA. Cuando Mandini se quejó ante Chávez del comportamiento de Ciavaldini, Chávez se quedó con… Ciavaldini.
Ciavaldini no duraría mucho en la presidencia de PDVSA. Fue reemplazado por un talentoso militar, el general Guaicaipuro Lameda, para que metiera en cintura a los tecnócratas petroleros. El problema es que Lameda también era un gerente profesional, no un político. Se puso del lado de la meritocracia y de la gerencia profesional.
Allí fue que Chávez abandonó toda cautela y se lanzó a controlar a PDVSA con todos los hierros. Como él mismo lo dijo a posteriori, en un discurso ante la Asamblea Nacional y el cuerpo diplomático en pleno, decidió crear una crisis en PDVSA para promover una protesta de los gerentes y quedarse definitivamente con el control de la empresa. Para ello nombró presidente de PDVSA a Gastón Parra, un economista de modestas credenciales, cuya carrera había transcurrido en la Universidad del Zulia y quien sabía de petróleo lo que yo de sánscrito. Parra veía la industria petrolera a través de un prisma marxista y anti-gerencial.
La protesta gerencial no se hizo esperar, excepto que el país se unió a esa protesta y marchó contra el abuso de poder. Como resultado de la masiva protesta popular y de la negativa militar de acatar las ordenes de Chávez de reprimir al pueblo, Chávez salió de la presidencia brevemente, cuando el General Lucas Rincón le pidió la renuncia, “la cual aceptó”.
Hasta allí llegó Parra, siendo reemplazado por Alí Rodríguez. Como se podrán imaginar PDVSA no estaba siendo gerenciada debidamente. Seis presidentes en cuatro años. Ninguna empresa aguanta esto. Para el 2004 PDVSA era ya una empresa desmantelada gerencial y técnicamente. 22.000 empleados fueron despedidos por Chávez accionando un pito en la televisión y reemplazados por advenedizos y oportunistas. La producción se vino abajo y nunca se pudo recuperar.
Alí Rodríguez intensificó el proceso de descomposición de PDVSA al poner los activos de la empresa al servicio del chavismo para sus labores proselitistas.
La destrucción total llegaría con Rafael Ramírez, ministro de Energía desde 2002 y nombrado presidente de PDVSA en Noviembre del 2004, quien estaría en las dos posiciones hasta 2014.
Esa dualidad es mortal para una empresa que tenga propósitos comerciales. El ministro supervisa al presidente, pero ambos eran la misma persona. Ramírez asesinó a PDVSA mediante la utilización de varias armas: la prostitución de los empleados, al convertirlos en una manada de “rojos, rojitos”; la conversión de la empresa petrolera en una empresa importadora y distribuidora de comida; la pudrición de millones de kilos de esa comida importada por las mafias de PDVSA para “hacer negocio”, no para ser distribuida; el abandono de las tareas del adecuado mantenimiento preventivo de los activos de la empresa; el pavoroso endeudamiento para satisfacer el voraz apetito del régimen, dinero utilizado en actividades políticas y no para invertir en la misma empresa; la entrega de la Faja del Orinoco a empresas chinas, iraníes, rusas, vietnamitas y otras, por razones ideológicas y no técnicas ni de verdadero interés nacional; la hipoteca de la producción de la faja con los chinos, acto anticonstitucional y traidor; la galopante corrupción de los altos cuadros gerenciales de la empresa y de sus cómplices contratistas, como lo evidencian numerosos casos que han sido documentados hasta por chavistas como el finado Luis Tascón y admitidos por gerentes de alto nivel del chavismo como Luis Vierma.
El resultado ha sido la destrucción de lo que fue PDVSA
Después de la salida de Rafael Ramírez de la presidencia de PDVSA el reemplazo de Chávez, Maduro, le entregó PDVSA a la fuerza armada, nombrando presidentes a una sucesión de militares incompetentes, lo cual termino de arruinarla. La corrupción de Ramírez fue reemplazada por la corrupción de los militares y de Tareck el Aissami. Hoy en día, la escasa producción petrolera de Venezuela es generada principalmente por la empresa estadounidense Chevron, la cual ha colaborado activamente con la dictadura venezolana por largos años, primero con Chávez y hoy con Maduro, violando su código de ética corporativa.
Así estamos hoy, mientras esperamos el fin de nuestra pesadilla.

Reflexiones sobre el futuro de la industria petrolera venezolana
A mi edad avanzada y en retiro estoy ya desactualizado en mis conocimientos sobre los aspectos técnicos y financieros de nuestra industria petrolera y solo me atreveré a hacer unas reflexiones sobre los aspectos de filosofía de acción que deberá animar el futuro desarrollo de la industria petrolera venezolana.
No dudo que mucho de lo que yo pueda decir ya ha sido tomado en cuenta, pero lo que abunda no daña.
REFLEXIÓN 1
DEBEMOS ESTABLECER CLARAMENTE LA POLÍTICA PETROLERA A SEGUIR
Con la llegada del primer día del nuevo gobierno democrático que reemplazará la dictadura chavista que ha destruido al país comenzará un esfuerzo de transformación política, financiera y social que no tiene parangón en la historia venezolana. Más que al final de la guerra de independencia, más que al final de la guerra federal, nuestro país necesitará no solo lavar su cara sino cambiar de actitud en casi todos los órdenes. La transformación deberá llevarse a cabo en paralelo en los múltiples aspectos de la vida nacional: el papel del estado, la participación del sector privado, la recuperación de los sectores de salud, educación e infraestructura casi completamente destruidos, la modificación actitudinal masiva del pueblo venezolano en base a programas de educación ciudadana sistemáticos y perseverantes, la promoción de confianza en el nuevo gobierno como ingrediente esencial para atraer tanto la suficiente ayuda financiera de los organismos multilaterales como la inversión del capital privado internacional.
REFLEXIÓN 2
ESTABLECER LAS CONEXIONES INDISPENSABLES CON EL MUNDO EXTERIOR
Como se verá, es mucho lo que el país requiere hacer, desde el día uno. Lograrlo necesitará de la mayor ayuda y participación posibles del mundo exterior, tanto de organismos internacionales como de países en forma bilateral y del sector privado internacional, para lo cual será necesario establecer confianza en el nuevo gobierno y en su apego a las leyes internacionales, así como ofrecer los mayores incentivos posibles a quienes muestren interés por venir al país.
REFLEXIÓN 3
TENER LISTO EL PLAN DE DESARROLLO DE LA INDUSTRIA PETROLERA DESDE EL DIA UNO DE LA DEMOCRACIA
Es inevitable pensar en los recursos petroleros venezolanos como la mayor y más rápida fuente de ingresos para el país, un país que se encontrará abrumado por las deudas, por la escasez de reservas financieras en moneda dura y por una economía en casi total colapso. Ello hace especialmente urgente la puesta en marcha de un plan bien concebido para hacer crecer la producción petrolera en el país. Se que existe un plan orientado a establecer una producción de unos 3 millones de barriles diarios en los próximos diez años. Esto parece lento, pero no lo es, al tomarse en cuenta la situación actual de nuestros yacimientos petroleros, del mantenimiento de las plantas y equipos, de la necesidad de negociar contratos con empresas privadas nacionales e internacionales y, en fin, poner a marchar de manera eficiente una industria que ha sido llevada a la ruina. Lo que sí parece cierto es que Venezuela no podrá depender solamente de la industria petrolera para generar el volumen de ingresos financieros que necesitará para recuperar su fisonomía normal, después del desastre de estos últimos 25 años pero si podrá establecer una base de ingresos importante en el mediano plazo.
REFLEXIÓN 4
LA NECESIDAD DEL RECURSO HUMANO CAPACITADO Y TOTALMENTE DEDICADO A SU LABOR PROFESIONAL, SIN INTERESES PERSONALES DE NINGUN TIPO
El corazón de la industria petrolera ha sido siempre y será ahora más importante que nunca un equipo humano bien entrenado técnicamente, bien gerenciado y, sobre todo, muy honesto y consciente de su deber ciudadano. La industria petrolera que tendremos va a depender de buenos contratos de operación con el sector privado nacional e internacional. El personal que entre a manejar estos procesos de contratación y tenga la autoridad para tomar las decisiones estratégicas sobre el curso de la nueva industria petrolera venezolana deberá estar dedicado a esa tarea con total abandono de sus intereses personales. Ello será muy importante porque las características de la nueva industria petrolera venezolana darán múltiples oportunidades para el establecimiento de empresas de servicios petroleros nacionales y para toda clase de actividad comercial relacionada con la industria, lo cual creará un entorno propicio a los conflictos de interés.
REFLEXIÓN 5
PAPEL DE PDVSA
Qué hacer con PDVSA será asunto a establecer con total claridad. Venezuela debe comenzar su nueva vida libre y democrática con una definición clara de su política petrolera: ¿operada esencialmente por el sector privado o manejada aun por el estado? Todavía existe en el país apoyo a la idea de una industria petrolera en manos de una PDVSA remozada, lo que sería un nuevo acto de fe en la capacidad del estado de manejar la industria petrolera a los deseados niveles de pulcritud y eficiencia con una nueva versión de la empresa estatal. La experiencia que el país ha tenido, no solamente en los últimos 25 años sino aun en la etapa 1983-1999, en la cual PDVSA todavía era manejada razonablemente bien, con gerentes profesionales, nos indica claramente que la politización de los cuadros gerenciales de la industria petrolera en manos del estado es un fenómeno inevitable, por su gran capacidad de generar cuantiosos ingresos y su importancia para la vida del país. PDVSA representa una entidad a la cual el país político no puede evitar tratar de controlar. Esa tentación malsana debe ser minimizada mediante la implantación de un modelo de industria petrolera nacional que mantenga la facultad de supervisar y planificar estratégicamente el desarrollo de la industria, pero coloque en manos privadas y profesionales su operación. Esta es una dualidad que mantiene intacta la facultad de la nación venezolana de dirigir su industria sin tener que perforar los pozos y refinar los crudos, manteniendo la operación a niveles óptimos de mantenimiento y eficiencia. Seriamos dueños del avión pero tendríamos pilotos profesionales que nos conduzcan a donde queremos ir.
REFLEXIÓN 6
UN POSIBLE PAPEL DE PDVSA EN LA TRANSICIÓN
Durante los primeros 2-3 años de transición PDVSA permanecería en actividad, manejado por gerentes profesionales, debido a que no existiría todavía, en el día uno de la democracia, un sistema de contratación y operación acordado con participación del sector privado. Establecer estos contratos y echar a andar el nuevo modelo tomaría algún tiempo. El organismo que existe en este momento, PDVSA, puede ser utilizado de manera dual, como empresa productora de los volúmenes que ya se producen en el país y, al mismo tiempo, como la primera versión de la agencia de hidrocarburos, la cual será el organismo que se encargaría finalmente de manejar la supervisión de la actividad petrolera. La transición servirá para ir minimizando el papel operador de PDVSA y para manejar su remplazo por la figura de la Agencia de Hidrocarburos, entidad supervisora y reguladora que formara parte del entorno organizacional de la industria petrolera nacional.
REFLEXIÓN 7
CUAN GRANDE DEBERÁ SER LA PRODUCCIÓN PETROLERA NACIONAL
El nivel de producción que tendrá la futura industria petrolera venezolana presenta dos aspectos que podrían chocar entre sí: uno es el volumen de ingresos petroleros que el nuevo liderazgo del país piense que es necesario. Esta necesidad va a ser cuantiosa y el liderazgo político podría pensar que la industria petrolera puede y debe proveer esos fondos. Esto podría llevar al sector político a pensar en niveles de producción del orden de los 4 a 5 millones de barriles diarios. El otro aspecto es el nivel óptimo de producción petrolera que será técnica y operacionalmente deseable o posible. Recalco, no el nivel máximo sino el nivel óptimo. Hay técnicos venezolanos competentes que dicen que solo la Faja puede soportar una producción de 5 millones de barriles diarios. Otros dicen que ese nivel es difícil o técnicamente indeseable de mantener por la intensidad del esfuerzo necesario, dada la alta declinación natural de los pozos de la Faja.
Lo deseable será establecer el nivel óptimo de producción que logre combinar un ingreso estable, un nivel también optimo de capacidad de producción que permita al país abrir y cerrar producción en respuesta rápida a los vaivenes del mercado internacional , una tasa de producción que mantenga a los yacimientos de petróleo en su mejor forma para lograr su máxima duración y recuperación del petróleo allí contenido y un nivel de producción que no represente una indebida amenaza al medio ambiente.
Intuitivamente pienso en la cifra de 3.5 millones de barriles al día como ese nivel óptimo de producción para la nueva industria petrolera nacional. Ese nivel estará también en línea con las tendencias que predominan a nivel global sobre el uso de combustibles fósiles. La Venezuela democrática deberá ser ejemplo de respeto al ambiente, algo que países grandes como los Estados Unidos no hacen. El liderazgo actual estadounidense podría presionar a Venezuela para producir a niveles exageradamente altos que choquen con los mejores intereses nacionales.

Gustavo Coronel