Abr 08, 2026
¡ESTAMOS LISTOS!
Es un honor y un placer estar aquí en CERAWeek. Gracias a Daniel por la invitación y por la oportunidad de presentar mi visión para un futuro libre, próspero, seguro y favorable a la inversión privada para Venezuela.

María Corina Machado entrevistada por Carlos Pascual, vicepresidente sénior de Energía Global y Asuntos Internacionales de S&P Global (Foto: CERAWeek by S&P Global).
Vengo de un país que ha soportado casi tres décadas de destrucción, mala gestión y aislamiento. Estoy aquí para hablar sobre nuestro futuro: un futuro extraordinario del que quiero que todos ustedes formen parte.
Ustedes conocen el potencial energético de Venezuela. Poseemos las mayores reservas probadas de petróleo del mundo: más de 300.000 millones de barriles. Tenemos las séptimas reservas de gas natural más grandes del mundo, en gran medida inexploradas.
También poseemos más de 30 de los 60 minerales críticos que figuran en la lista estratégica del gobierno de los Estados Unidos.
Contamos con un siglo de historia productiva que pocos países de este hemisferio pueden igualar. Y tenemos algunas de las playas más hermosas del mundo. Todo esto se encuentra en el corazón de las Américas, a cinco días de viaje en barco —a bajo costo— desde los Estados Unidos.
Durante décadas, este potencial permaneció bloqueado por la ideología y la corrupción.
Esa etapa está llegando a su fin. Ya ha comenzado una nueva era, con un potencial de crecimiento de un orden de magnitud completamente distinto.
Hoy, Venezuela produce alrededor de 1 millón de barriles diarios; menos de un tercio de lo que producía hace 25 años y una fracción de lo que volveremos a alcanzar. Con el entorno de inversión adecuado, Venezuela puede alcanzar, de manera realista, una cifra muy superior a los 5 millones de barriles diarios.
Alcanzar ese potencial requiere recursos significativos: más de 150.000 millones de dólares a lo largo de los próximos 10 años. Se trata de esos compromisos a gran escala y de ciclo largo que las empresas presentes en esta sala están diseñadas para asumir cuando existen las condiciones propicias. Crear esas condiciones es, precisamente, el tema que vengo a abordar hoy.
Desde el 3 de enero de 2026, se han dado pasos importantes para reactivar el sector de petróleo y gas de Venezuela y comenzar a revertir años de deterioro institucional y corrupción.
Reconocemos y agradecemos los esfuerzos iniciales realizados por la administración del presidente Trump y por el secretario Wright para abrir este nuevo capítulo.
Pero lo que viene a continuación debe ir mucho más allá. Debe ser plenamente transparente, tener un sólido respaldo institucional y estar diseñado para generar confianza a largo plazo, tanto para los inversores como para el pueblo venezolano.
Ustedes saben que la industria energética invierte cuando se cumplen tres criterios:
- Recursos abundantes: Venezuela presenta un riesgo de exploración extremadamente bajo; sabemos dónde se encuentran los recursos.
- Costos de producción altamente competitivos.
- El marco institucional adecuado: una arquitectura legal, fiscal y contractual que atraiga y proteja el capital a lo largo de las décadas.
Esto es lo que nosotros aportamos: confianza a largo plazo para los inversores.
Trabajando junto a expertos venezolanos en petróleo y gas —tanto dentro como fuera del país—, además de destacados ejecutivos y especialistas técnicos de toda la industria global, hemos desarrollado un plan sectorial integral, diseñado tanto para los inversores internacionales como para nuestra gente.
Quiero ser directa respecto a lo que implica este marco institucional.
- El papel del Estado y de los entes reguladores
El Estado venezolano se apartará del camino y allanará la vía para que el sector de petróleo y gas
transite hacia una gestión plenamente privada. El papel del Estado será estrictamente el de regulador: creando incentivos para la inversión a largo plazo y velando por la transparencia
Por primera vez en la historia de Venezuela, contaremos con reglas claras a largo plazo, con un gobierno que haga cumplir los contratos y con garantías de que se mantendrán las condiciones establecidas. Crearemos una agencia de hidrocarburos independiente y autónoma, responsable de la supervisión y la regulación del sector.
- Derechos para inversores y operadores
- Ustedes serán propietarios de los derechos de producción directamente en la boca del pozo.
- Podrán registrar reservas. Recibirán contratos con una vigencia de 25 años, renovables por otros 25 años, lo que proporcionará visibilidad a largo plazo para las grandes inversiones de capital en el sector de exploración y producción (*upstream*).
Contarán con la plena protección de los derechos de propiedad privada, respaldada por arbitraje internacional y garantías legales de cumplimiento obligatorio. Cualquier disputa se resolverá mediante arbitraje internacional.
Ofreceremos contratos flexibles, adaptados a los diferentes proyectos, tecnologías y estrategias de inversión.
- Condiciones fiscales y participación del Estado
- Las regalías se fijarán en un 20%.
- El impuesto sobre la renta comenzará en un 34% y estará vinculado a los precios internacionales del petróleo.
- Las condiciones fiscales quedarán fijadas en el momento de la firma, sin que se apliquen cambios retroactivos en ningún caso.
En términos generales, Venezuela ofrecerá la participación del Estado más competitiva de todo el hemisferio occidental.
- Transparencia, cumplimiento normativo y riesgo país
Ustedes operarán con total transparencia y en pleno cumplimiento de los más altos estándares internacionales.
- Riesgo país.
Todos sabemos que invertir hoy en Venezuela conlleva una prima de riesgo muy elevada: alrededor del 25%. A ese nivel, la mayoría de los proyectos a largo plazo simplemente carecen de sentido. Nosotros reduciremos esa prima a niveles en los que la inversión deje de ser una apuesta arriesgada. Esas serán las condiciones en Venezuela.
- Condiciones operativas: energía, servicios y seguridad
En el plano operativo, garantizaremos un suministro eléctrico fiable mediante inversiones eficientes en la infraestructura existente y abriendo el sector energético a la participación privada. Ustedes dispondrán de servicios y logística de clase mundial, así como de un sólido marco de seguridad para proteger a su personal y a sus activos. Todo esto será posible bajo nuestro gobierno democrático.
Sus empresas invierten con una visión de 10, 20, 30 o 40 años. Las condiciones que ustedes necesitan son sencillas: reglas claras, condiciones estables y un gobierno democrático legítimo en el que puedan confiar.
El pueblo venezolano nos otorgó ese mandato en julio de 2024. El mundo entero fue testigo. Ahora, a través de una transición democrática alineada con la hoja de ruta de la administración del presidente Trump, ese mandato será finalmente honrado.
Venezuela celebrará elecciones libres. Cuando los venezolanos vuelvan a pronunciarse, reafirmarán aquello por lo que ya han votado: no una, sino dos veces; tanto en las elecciones primarias como en las elecciones presidenciales.
Nuestro pueblo votará nuevamente a favor de los mercados libres, el Estado de derecho, la separación de poderes, los derechos de propiedad, la inversión y un futuro definido por el trabajo, el mérito, el crecimiento, la prosperidad, las oportunidades… y por las familias reunidas en nuestra patria.
Venezuela ofrece, además, algo cada vez más valioso: estamos geográficamente anclados en este hemisferio, lejos de las tensiones que afectan a otras regiones.
Más allá de eso, nuestra sociedad es profundamente cohesionada: carece de grandes divisiones religiosas, étnicas o regionales, así como de las fracturas estructurales que a menudo complican las transiciones políticas. Por ello, nuestra transición será ordenada:impulsada, protegida y sostenida por el propio pueblo venezolano.
Por lo tanto, esta es mi invitación para cada uno de ustedes: nuestro equipo está listo para informar a operadores e inversores sobre cada aspecto de nuestro marco energético. Este es el momento de forjar relaciones sólidas; esa es la razón por la que estamos aquí.
Durante tres décadas, el régimen creyó que lograría doblegar a los venezolanos; que el hambre, el aislamiento y el miedo extinguirían nuestras convicciones. Se equivocaron. Nuestro pueblo se organizó, resistió y se mantuvo unido con una resiliencia sin precedentes en nuestra historia. Ellos son la razón de que estemos aquí, y la garantía de que este proyecto tendrá éxito.
Un líder de la industria me comentó recientemente: «La mejor inversión que se puede realizar es aquella que se hace en un país donde la gente te recibe con calidez, desea tu presencia y te acoge sinceramente como socio». Esa es Venezuela.
Damos la bienvenida a la inversión extranjera y comprendemos que constituye el camino para la reconstrucción de nuestro país. El pueblo venezolano será su fuerza laboral, sus vecinos y sus socios.
El potencial energético de Venezuela es un hecho geológico. La interrogante siempre ha sido sí existen las condiciones políticas y sociales necesarias para liberar dicho potencial. Esas condiciones serán construidas por el pueblo venezolano, en colaboración con los Estados Unidos y con el respaldo de todos los actores clave de la industria.
Una vez establecidas dichas condiciones, Venezuela se convertirá en una fuerza motriz del futuro energético mundial. Los invitamos a formar parte de lo que está por venir. Nuestro pueblo está listo, la industria está lista y Venezuela está lista.
Muchas gracias.
Preguntas y respuestas:
¿Qué está cambiando y por qué una transición ordenada?
Carlos Pascual: María, gracias por una exposición tan franca de tu visión. Tú, y tu equipo, han hecho su tarea; utilizaron «palabras mágicas» para esta audiencia: compromisos contractuales, etcétera. Profundicemos en algunos temas.
Has esbozado una visión, pero ¿qué es lo que está cambiando fundamentalmente para encaminar a Venezuela hacia una nueva senda?
María Corina Machado: Han sucedido muchas cosas en los últimos años. Venezuela se ha unido en torno a un profundo movimiento ciudadano: un movimiento existencial y cultural.
Desde el 3 de enero, sentimos por fin que la libertad está a la puerta. El entusiasmo y la sintonía que percibo al hablar con muchos de ustedes demuestran que todos sienten que ese momento está cerca.
Necesitamos avanzar por una vía ordenada: desmantelar las estructuras de opresión y corrupción que han existido durante más de tres décadas, y construir un nuevo marco institucional que perdure, me atrevería a decir, por siglos. Estamos listos.
Carlos: ¿Qué te da la confianza de que la transición pueda ser ordenada, pacífica y estable?
María: Nuestra gente.
He escuchado innumerables veces que «es imposible». Los analistas y estrategas elaboran escenarios con miles de variables y dejan fuera una: la gente; como si no importara.
Los desafío a nombrar otro país donde el 90% de la población desee lo mismo: no solo derrocar a un régimen, sino vivir con dignidad, trabajar por mérito propio y traer de vuelta a sus hijos a casa.
Para lograrlo, necesitamos mercados abiertos a los que puedan regresar tanto las personas como las grandes inversiones, bajo condiciones seguras, predecibles y de largo plazo que trasciendan los cambios políticos. Eso es exactamente lo que estamos construyendo.
Este es un momento completamente distinto. No tendríamos hoy aquí a una audiencia tan numerosa si ustedes no sintieran lo mismo.
Carlos: Entonces, ¿es la comunicación de la visión —y su alineación con los anhelos de la gente— lo que te da la confianza de que la apoyarán?
María: Y los hechos. Hace tres años, Venezuela parecía un caso perdido; la gente se nos
acercaba con lástima: «¡Qué enorme oportunidad desperdiciada! Ya no hay nada que hacer». Hoy la situación es diferente: la gente se acerca y dice: «Queremos invertir; ¿cómo podemos ayudar?; ¿cuándo deberíamos entrar?; tengo ideas».
Paradójicamente, algunos comentan: «Ustedes carecen de instituciones»; de hecho, ocupamos el puesto 143 de 143 a nivel mundial en cuanto al Estado de derecho. Esto podría parecer una desventaja, pero véanlo desde otra perspectiva: estamos partiendo de cero en plena era de la inteligencia artificial y la tecnología.
Estamos construyendo nuevas estructuras, con una ley de hidrocarburos totalmente nueva y adaptada a esta época, en lugar de superponer reformas deficientes sobre un texto ya de por sí defectuoso. Esa es la transformación que estamos emprendiendo.
Necesitamos sus aportes. Estoy aquí para invitarlos —tal como hemos invitado a numerosos ejecutivos y expertos— a que nos traigan sus ideas y sugerencias, con el fin de establecer los incentivos adecuados y transformar a Venezuela: de ser un centro de criminalidad en las Américas, a convertirse en el centro neurálgico de energía y tecnología de nuestro hemisferio.
PDVSA, privatización total y diversificación
Carlos: Fuiste muy audaz al hablar de una entidad «totalmente privada». La gente aquí se preguntará: ¿qué significa eso para PDVSA?
María: PDVSA está en bancarrota. En el pasado fue una de las empresas más eficientes del mundo, pero ha sido convertida en una organización criminal.
En una primera etapa, reduciremos drásticamente su tamaño, mientras que algunas operaciones continuarán activas hasta que podamos privatizar la totalidad de las actividades —en los segmentos upstream, midstream y downstream—, abarcando el petróleo, el gas y otros sectores.
El gobierno debería centrarse exclusivamente en crear las condiciones propicias para la inversión privada —tanto nacional como internacional—, así como en supervisar la transparencia y el cumplimiento normativo.
Tenemos muchas otras áreas que requieren inversión: educación, infraestructura, salud, seguridad. Dejemos que el sector privado, con la tecnología adecuada, desarrolle esta enorme oportunidad.
Estamos hablando de una oportunidad de más de 1,7 billones de dólares, distribuida en 12 sectores que ya hemos identificado.
Carlos: Usted ha utilizado palabras que resultan una «sinfonía» para esta audiencia: condiciones jurídicas, contractuales y fiscales; proyectos de largo ciclo y gran escala. ¿Cómo logrará materializarlas?
María: En primer lugar, se debe transitar de la discrecionalidad hacia la institucionalidad.
Esto exige un liderazgo idóneo y respaldo popular. El pueblo venezolano anhela este tipo de inversión y de alianzas. Hemos aprendido el costo del socialismo en carne propia, en nuestras propias familias y hogares.
Queremos mercados abiertos, reglas claras, competencia, transparencia e instituciones sólidas.
Nuestros valores guardan una estrecha afinidad con aquellos que hicieron de los Estados Unidos una nación tan grandiosa.
Soy categórica al respecto: el pueblo ya ha manifestado su respaldo en dos ocasiones. Cuando celebremos elecciones próximamente, los resultados serán abrumadores.
Carlos: ¿Pueden los hidrocarburos constituir la base para la diversificación de los ingresos y para una Venezuela que deje de ser un Estado petrolero?
María: Sin duda alguna. Los ingresos deben reinvertirse en los diversos sectores de la economía. Venezuela es un país singular, y no solo por sus reservas de petróleo y gas.
Poseemos un inmenso potencial hidroeléctrico; yacimientos de minerales y tierras raras; oro; más de 2.000 millas de litoral caribeño, en su mayor parte virgen; y oportunidades en los sectores de telecomunicaciones y tecnología financiera.
Nos situamos en el corazón del continente americano, en un momento en que las dinámicas de relocalización empresarial (near-shoring) cobran gran fuerza. No existe otro lugar que ofrezca un abanico de oportunidades tan amplio. El único elemento ausente son las condiciones del entorno político y social: la institucionalidad.
Pero el pueblo está preparado; hemos aprendido la lección. Este proceso es imparable; jamás nos rendiremos. Venezuela será pronto una nación libre y democrática, y aguardo con ilusión el día en que pueda recibirlos a todos ustedes en nuestra hermosa patria.
Poner fin a la corrupción. Institucionalidad y elecciones.
Carlos: Usted ha hecho hincapié en la transparencia. ¿Cómo logrará erradicar el legado de corrupción?
María: En primer lugar, se requiere un liderazgo que posea la voluntad y la determinación necesarias para llevarlo a cabo. Esa es la única manera de garantizar que el volumen de recursos necesarios para dar un giro al país realmente llegue.
En segundo lugar, la sociedad venezolana tiene ahora una conciencia muy elevada de lo que la corrupción y la opresión han provocado. Nuestra prioridad absoluta son unas instituciones que funcionen, y una clara separación de roles para el Estado: regulación y supervisión, no gestión operativa.
Ya hemos diseñado las leyes que promulgaremos y los pasos para llevar a Venezuela de ocupar el último lugar en Estado de derecho a situarse entre los países con mejor desempeño de la región.
¡Esa es una prioridad máxima!.
Carlos: Elecciones: usted ha mencionado dos; se ha comprometido con una tercera. El Secretario Wright afirmó que habrá elecciones. ¿Cuál es el proceso y el cronograma?
María: Lamentablemente, somos expertos en elecciones fraudulentas; podríamos asesorar a otros al respecto.
Anticipamos lo que ocurriría en 2024. Sabíamos que ganaríamos incluso bajo condiciones extremas, pero teníamos que demostrarlo. Así que organizamos a más de un millón de voluntarios y utilizamos la tecnología —a menudo empleada en contra de la libertad— como una herramienta para la libertad.
Construimos una red de voluntarios para recopilar las actas de escrutinio originales de más de 30.000 centros de votación. El régimen no se lo vio venir. En un país donde el 60% del territorio carece de internet, tuvimos que introducir de contrabando antenas Starlink, generadores, escáneres, teléfonos y computadoras. Las antenas se ocultaron en camiones de sandías para evitar ser detectadas.
Nuestro equipo técnico nos dijo que, en el mejor de los casos, el 80% de los centros transmitiría los datos.
Al final, el 100% cumplió. Demostramos nuestra victoria.
Si ganamos bajo esas condiciones, imaginen lo que sucederá en un escenario de elecciones libres y justas.
El Secretario de Estado describió una hoja de ruta de tres pasos, cuyo paso final son unas elecciones libres y justas. Ya estamos trabajando para lograrlo. Se requieren al menos nueve meses —unas 40 semanas—, desde una perspectiva técnica, para organizar unas elecciones libres y justas impecables; pero estas tendrán lugar.
Venezuela será libre y democrática. Verán el despertar del país que se convertirá en un faro de esperanza y de creación de riqueza.
¡Queremos que todos ustedes formen parte de ello!

