
Sep 07, 2026
El complicado acuerdo Venezuela-EE.UU.
El acuerdo petrolero basado en miles de millones de dólares carece de la profundidad necesaria para transformar una industria petrolera nacional descuidada.
Luis Pacheco

Delcy Rodríguez y Chris Wright, se estrechan la mano tras firmar un acuerdo petrolero en Caracas el 2 de Septiembre
Dadas las expectativas que la administración Trump ha generado en torno a la estabilización, la recuperación y la eventual transición democrática en Venezuela, todo el mundo sabía que el petróleo debía ser un componente clave de la estrategia y del desenlace previsto.
En una época en la que Washington promueve abiertamente el dominio energético, recurrir a un antiguo socio tiene cierto sentido, aunque no esté exento de imperfecciones.
Sin embargo, el reciente acuerdo petrolero anunciado por la administración Trump y el régimen encabezado Delcy Rodríguez está poniendo a prueba la paciencia y las esperanzas del pueblo venezolano; un pueblo que, tras la captura de Nicolás Maduro, creía que el país estaba pasando página a años de mala gestión y opresión.
El «mayor acuerdo petrolero de la historia mundial» —como lo calificó el presidente Donald Trump el 28 de Agosto— también pondrá a prueba los fundamentos de la diplomacia bajo la Doctrina Donroe. El acuerdo llega en un momento en que, según informes, Venezuela contempla una posible salida de la OPEP y Chevron Corp. se ha comprometido esta misma semana a ampliar su presencia en el país.
Varios aspectos requieren especial atención. Para este acuerdo, EE. UU. eligió a un operador petrolero poco conocido, North American Blue Energy Partners (NABEP), que se presenta como el segundo mayor operador privado de petróleo en Venezuela. La empresa, con sede en Barbados y dirigida por el controvertido empresario venezolano Alejandro Betancourt, ha prosperado gracias a la asignación opaca de bloques por parte del régimen —más que por su propia capacidad técnica—, logrando dar el golpe definitivo para hacerse con el «control» de una gran parte de los recursos petroleros de Venezuela.
Aquí es donde entra en juego la danza de las cifras multimillonarias: la Casa Blanca sostiene que, mediante este acuerdo, EE. UU. obtendrá el control mayoritario sobre 65.000 millones de barriles de reservas de petróleo, mientras que Venezuela recibirá inversiones por valor de 100.000 millones de dólares y recaudará más de 200.000 millones en concepto de regalías e impuestos durante los primeros 25 años del pacto. Estas cifras pueden impresionar a la opinión pública de ambos países y llevar a centrar la atención en la propaganda más que en el contenido real del acuerdo.
Se sabe poco sobre cómo avanzará este acuerdo, por lo que aún quedan interrogantes importantes por resolver.
Cuestiones pertinentes
En primer lugar, está el aspecto político y jurídico: ¿es legal este acuerdo? ¿Tiene el régimen de Rodríguez la facultad de seguir adelante con él? A principios de esta semana, la Asamblea Nacional de Venezuela aprobó el acuerdo con celeridad, despejando cualquier duda sobre el respaldo legislativo. Se trata de la misma asamblea que logró aprobar en tiempo récord, el pasado mes de Enero, una nueva ley de hidrocarburos que, en teoría, hace viable el acuerdo petrolero entre Trump y Rodríguez.
A pesar de la aprobación legislativa, no está claro si los futuros gobiernos lo respetarán. Algunos analistas sostienen que este gobierno es tan ilegítimo como la dictadura de Juan Vicente Gómez a principios del siglo XX —quien firmó la primera concesión petrolera—, lo que genera dudas sobre la validez del acuerdo.
Luego está la propia estructura empresarial. ¿Firmará NABEP este acuerdo con Petróleos de Venezuela (PDVSA), la petrolera estatal, convirtiéndolo así en una empresa conjunta convencional? Quedan otras consideraciones pendientes. Aún no está claro si NABEP podría, a su vez, compartir la propiedad con el gobierno de Estados Unidos, concretamente con la unidad especial del Pentágono designada originalmente como contraparte de este pacto.
Más allá de este aspecto crucial, surge también la cuestión de la capacidad financiera y técnica de NABEP. ¿Podrá una empresa que carece de tales credenciales subcontratar a compañías petroleras consolidadas para cumplir con el alcance del contrato?
Existen numerosas cuestiones técnicas. Por lo que se sabe, los 17 bloques petroleros asignados al acuerdo abarcan distintas regiones (oriental y occidental), diferentes entornos (costa afuera y tierra firme) y diversos tipos de crudo: ligero, pesado y el característico crudo extrapesado de Venezuela. Se trata del mismo petróleo que llevó al presidente Trump a calificar el crudo venezolano como “probablemente el peor petróleo del mundo”.
La labor de desarrollo exigirá excelencia en competencias técnicas específicas de las que, cabe afirmar con seguridad, NABEP carece. ¿De dónde provendrá el capital para la inversión? Dada la obligación declarada de NABEP de vender el crudo por debajo de los precios de mercado, la viabilidad económica de las futuras inversiones resulta, en el mejor de los casos, dudosa.
Por último, si este acuerdo sigue adelante, ¿disuadirá a las verdaderas compañías petroleras de participar en el sector, o las animará a exigir lo que cabe suponer son las condiciones especiales que está recibiendo NABEP?
Chevron y Eni parecen dispuestas a recoger el guante. O bien, si el acuerdo fracasa estrepitosamente, ¿estaremos perdiendo una oportunidad valiosa y «sin costo» para los estadounidenses?
¿Una victoria?
Dado que Estados Unidos sigue inmerso en un prolongado conflicto en Oriente Medio, que Irán está estrangulando el estrecho de Ormuz y teniendo en cuenta el efecto de todo ello en los precios del petróleo, resulta comprensible que la administración Trump haya decidido emprender una nueva maniobra estratégica respecto a Venezuela. Esta maniobra podría ayudar a demostrar cierto grado de éxito en política exterior e influencia sobre los precios del petróleo, por improbable que parezca.
Para Venezuela, la perspectiva de una inversión considerable resulta atractiva. Existe un consenso generalizado de que las políticas del chavismo han conducido a la destrucción de la industria petrolera y, por ende, del país. También se reconoce que la mejor manera de recuperar dicha industria es mediante la participación de empresas privadas de petróleo y gas que cuenten con la capacidad técnica y financiera suficiente para abordar las complejas cuencas venezolanas.
Las lecciones de la historia reciente nos enseñan que estas decisiones rara vez siguen una trayectoria lineal. Pronto veremos si todos esos miles de millones conducen a algo concreto o si resultan ser un simple espejismo.
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Pacheco is a nonresident fellow at Rice University’s Baker Institute for Public Policy and a former PDVSA executive.