
Sep 02, 2026
Una alianza entre delincuentes
Lo que pudiera haber sido una bella página para la democracia mundial, se ha convertido en un sórdido intento de violación por una presidencia indigna de Estados Unidos.
Gustavo Coronel
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Lo que pudiera haber sido una bella página para la democracia mundial, es decir, el rescate de Venezuela de las manos de una pandilla criminal por parte del gobierno estadounidense y la instalación de un gobierno libre y democrático se ha convertido en un sórdido intento de violación de un país débil e indefenso por una presidencia rapaz e indigna de la tradición democrática de Estados Unidos.
Digo esto en base al crimen que se está cometiendo contra Venezuela en estos momentos.
El crimen es el siguiente:
Se anuncia la firma de una alianza petrolera entre el gobierno de Donald Trump y el régimen ilegítimo de Delcy Rodríguez, protegido por los Estados Unidos, la cual le permitiría a los Estados Unidos tomar control exclusivo de unos 65.000 millones de barriles de petróleo venezolano que se encuentran en el subsuelo, a ser producidos para los Estados Unidos por una empresa llamada North American Blue Energy Partners, NABEP, contrato de una duración de 100 años, dice Trump, de 25 años dice Delcy Rodríguez (pequeña diferencia sin importancia) .
No es necesario esperar a ver los detalles técnicos, financieros y legales de esta pretendida alianza para definirla como ilegítima, invalida y propia de villanos. Así lo es por las siguientes razones:
- Todo el mundo sabe, incluyendo el gobierno de Donald Trump, que el régimen que impera en Venezuela actualmente es ilegítimo. Así lo han definido ellos mismos en el pasado reciente. Un gobierno serio, como pretende serlo el de los Estados Unidos, nunca debería contratar con un régimen ilegitimo, reo de crímenes internacionales de gran dimensión, como es el caso del régimen venezolano, cuyos miembros principales se encuentran bajo sanciones internacionales, incluyendo las de Estados Unidos!
- Todo el mundo sabe que en estos momentos el gobierno de Donald Trump ejerce, por la fuerza, control sobre el régimen criminal venezolano. Así lo ha declarado el mismo Trump al decir que Venezuela es botín del victorioso ejército estadounidense. Un contrato firmado entre esas dos partes que solo tienen una voz, la voz de Trump, no puede definirse como un convenio entre dos partes. Allí no hay dos partes, solo una. Es Trump hablándose a si mismo en el espejo.
- Al mostrarlo con pretensiones de convenio entre dos naciones, el gobierno de Trump, mostrando una arrogante ignorancia, se salta a la torero la constitución venezolana que prohíbe esta enajenación, que obliga a cualquier contrato de interés nacional a ser aprobado por el congreso venezolano, el cual no existe legalmente, y pretende firmarlo a espaldas de los venezolanos, quienes son el único interlocutor válido que tendría país extranjero alguno y no, ciertamente, la pandilla criminal de Delcy Rodríguez.
- Resulta insultante pretender que un país pueda quedar sujeto por cien años a lo que dicta un convenio firmado con un régimen que no es legítimo y que comprometería el uso soberano de sus recursos petroleros por un siglo, influenciando de manera decisiva el destino de varias generaciones futuras de venezolanos
- Resulta igualmente insultante e inaceptable pretender que la empresa con la cual Venezuela firmaría tal convenio sea una empresa de propiedad mixta entre un prófugo de la justicia internacional llamado Alejandro Betancourt López y un organismo de las fuerzas armadas estadounidenses. Apartando el hecho extraño e indicativo de una apreciable descomposición en el seno de la democracia estadounidense, esa de entrar a ser socio directo de una empresa criminal venezolana por intermedio de sus propias fuerzas armadas, es totalmente inaceptable que la empresa contratante con Venezuela sea la de un prófugo de la justicia internacional. Este es un acto que define al promotor de la idea, Donald Trump, como parte del mundo criminal internacional
Por estas y otras razones los venezolanos deben rechazar, de pie, este pretendido y monstruoso crimen contra el país. Nos preocupa escuchar a algunos venezolanos, quienes deberían estar claros sobre la magnitud de este abominable intento de atropello, decir que es necesario esperar a conocer sus detalles para determinar su inconveniencia o no. Nos piden calma y cordura. Yo digo que quienes así piensan ya están de rodillas. Porque el problema medular sobre este mamotreto no es si sería mejor desarrollar el Bloque 3 que el Bloque 4, o si necesitamos perforar tantos o cuantos pozos nuevos o, si debemos emplear a tantos o cuantos venezolanos.
Cuando entramos a hablar y discutir sobre estos detalles ya estamos de rodillas. Porque discutir sobre las bondades o defectos de la propuesta es ya aceptarlo.
Lo inaceptable es el convenio mismo, tal como está planteado. Lo inaceptable es la deleznable calidad moral de los protagonistas, la baja estofa de la gente involucrada es aceptar que Venezuela es un país prostituido. Este convenio es una bofetada a la dignidad, a los principios éticos más sagrados.
Los venezolanos tienen ya muchos años con el estómago vacío, por lo que la tentación y necesidad de llenarlo es muy grande. Comprendo que esa necesidad primaria, de la cual hablaba Maslow, debe ser razonablemente satisfecha antes de poder comenzar a hablar de las cosas del alma, de las cosas de la moral, de ese mundo más abstracto. Napoleón decía que un ejército marchaba sobre su estómago.
Esto quizás explica mucha de la relativa tolerancia con la cual el país reacciona en ocasiones frente a planteamientos y propuestas indecorosas, como las que nos ocupa en este momento. Y por ello la culpa de los Estados Unidos es doble, porque utiliza esa necesidad de saciar el hambre para forzar a un pueblo a aceptar propuestas inmorales e indignas de seres civilizados.
Personalmente estoy en posición ventajosa para aferrarme a los principios. A mi edad no tengo ambiciones de poder o riquezas de ningún tipo. Mis hijos cuidan de que tenga pan en la mesa y un techo sobre mi cabeza. Puedo darme el lujo de pensar con el alma, ya que el estómago está satisfecho. Quizás le pido demasiado a mis compatriotas que no tienen mí misma suerte.
Pero, la realidad es que una nación que dependa de su estómago con olvido de su alma y de sus principios es una nación destinada a ser esclava. Es una nación que puede olvidarse de ser grande. Y hablo de ser grande no como sinónimo de potencia, como pretendía Chávez, o como pretende el loco de la casa Blanca. No. Yo hablo de verdadera grandeza de alma, de espíritu, de principios, de actitudes civilizadas, de buena ciudadanía. Esa es la verdadera grandeza, no la de las estatuas doradas y de alianzas con hampones.
Estoy en pie de guerra ciudadana contra esta alianza abominable y contra sus promotores, quienes han deshonrado su condición de líderes para irse por atajos de enriquecimiento personal y abusos de poder.
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Gustavo Coronel
GUSTAVO CORONEL
Nació en Catia, Caracas, el 23 de Agosto de 1933, en una casa donde sus padres se ocultaban de la persecución de Juan Vicente Gómez.
A meses de edad fue llevado a vivir a Los Teques, pueblo mágico donde vivió hasta los 17 años, cuando se fue a estudiar geología en Tulsa, Oklahoma.
Su niñez y adolescencia en Los Teques fueron tan felices que esa felicidad le ha servido de sustento para ser feliz toda su vida. Discípulo de los padres salesianos Isaías Ojeda y Jorge “Puyula” Losch.
Graduado de Geólogo en Tulsa, Oklahoma, fue a trabajar para Shell en Maracaibo, en la cual encontró a su compañera por 62 años, Marianela Criollo, con quien tuvo tres hijos: Gustavo Ernesto, Corina y Ana, quienes son hoy extraordinarios ciudadanos.
Gustavo ha sido geólogo, gerente petrolero, director de la primera junta directiva de PDVSA, investigador académico en Harvard y ejecutivo del más alto nivel de varias empresas del sector público venezolano.
Fue Director General de la CVG, presidente del Puerto de Puerto Cabello y Director de Planificación del estado Carabobo. En 1990 fundó en Caracas la Agrupación Pro Calidad de Vida, organización no gubernamental diseñada para elevar el nivel de calidad de vida de los venezolanos, la cual estuvo activa entre 1990 y 2000. En 1999 fue elegido como diputado al Congreso Nacional de Venezuela, el cual fue eliminado a finales de ese mismo año. Desde 1993 se radicó en Sabana del Medio, estado Carabobo, una zona rural, donde fijó su residencia por diez años. En 2003, decidió exiliarse a Estados Unidos, al constatar que el país no lograba revertir la tragedia chavista que terminó con arrasarlo. Desde ese año vive en Virginia, en un suburbio de Washington D.C., donde ha sido muy feliz.