Ago 31, 2026

Fondos soberanos y el deber de pensar en el futuro

La industria petrolera venezolana está atravesando una transformación profunda. Nuevos actores, nuevos contratos, nueva legislación y, sobre todo, mucha incertidumbre.

María Ángela Capello, PhD/Red Tree Consulting

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En medio de ese remolino de cambios —algunos anunciados con fanfarria, otros de consecuencias aún inciertas— hay una pregunta técnica e institucional que los profesionales del sector no podemos dejar de hacernos: ¿existe algún mecanismo que garantice que una parte de esa riqueza del subsuelo llegue, de forma sostenida y transparente, a los venezolanos de hoy y a los que aún no han nacido? 

Esta pregunta aplica, además, a otros entornos en el globo: ¿Existe un mecanismo similar que puedan adoptar naciones que están descubriendo su riqueza en minerales críticos en África emergente o en el litio y el cobre de América hispanohablante? La experiencia internacional tiene una respuesta concreta: fondos soberanos de recursos naturales. Y la condición para que funcionen va más allá de lo técnico: requiere condiciones institucionales y políticas, por lo que este tipo de fondos son, en última instancia, una decisión que las sociedades toman —o deberían tomar— a través de sus representantes legítimos.

Kuwait: el más antiguo del mundo

En 1953, ocho años antes de su independencia formal, Kuwait creó la Kuwait Investment Board, la institución que con el tiempo se convertiría en la Kuwait Investment Authority (KIA). Es el fondo soberano más antiguo del mundo. Sus gestores entendieron desde el principio que el petróleo es un recurso finito y que el Estado tiene la obligación de convertir esa riqueza en activos que generen rendimiento cuando los pozos ya no fluyan. Hoy, el KIA administra más de 1,07 billones de dólares —sí, billones— divididos en dos componentes: el Fondo de Reserva General, que actúa como colchón fiscal del gobierno, y el Fondo para las Generaciones Futuras, creado en 1976 y financiado con el 10% de todos los ingresos del Estado cada año. Este último no puede tocarse sin aprobación parlamentaria. Es riqueza blindada para el futuro.

Noruega: el estándar de oro

Noruega descubrió petróleo en 1969 y creó su fondo en 1990, cuando la industria ya era madura y los ingresos eran enormes. El Gobierno Pensjonsfond Global —conocido simplemente como “el fondo del petróleo”— recibe la totalidad de los ingresos que el Estado noruego obtiene de la actividad petrolera. En 2026, supera los dos billones de dólares, lo que lo convierte en el mayor fondo soberano del mundo. 

Cada noruego —en un país de apenas 5,5 millones de habitantes— tiene en ese fondo el equivalente a unos 400.000 dólares. La regla de gasto es estricta: el gobierno solo puede utilizar el rendimiento esperado del fondo, aproximadamente el 3% anual, nunca el capital. Lo que hace extraordinario al modelo noruego no es solo el tamaño: es la transparencia absoluta, la gestión independiente del ciclo político y el consenso democrático que lo sostiene desde su creación.

Alaska: el dividendo para cada ciudadano

En 1976, el estado de Alaska —territorio petrolero del gigante norteamericano— tomó una decisión inusual: crear un fondo que distribuyera dividendos directamente a cada residente. El Alaska Permanent Fund deposita el 25% de todas las regalías minerales y las invierte en acciones, bonos e infraestructura global. Cada año, los residentes de Alaska reciben un cheque. En 2026, ese dividendo es de 1.200 dólares por persona. El mecanismo convierte a cada ciudadano en copropietario consciente del recurso, con un incentivo directo para vigilar su buena administración.

Lo que tienen en común

Kuwait, Noruega y Alaska han adoptado modelos distintos, en tres contextos políticos y culturales diferentes, pero con un denominador común importante: la riqueza del recurso fue transformada en una institución con reglas claras, separada del presupuesto corriente del gobierno de turno y gobernada con mecanismos de rendición de cuentas que trascienden a cualquier administración. En todos estos casos, la decisión de mirar hacia el futuro —con la convicción de que lo que produce el recurso debía beneficiar al ciudadano— fue tomada por gobiernos con mandato democrático claro, lo que le dio al fondo la legitimidad necesaria para sobrevivir décadas de cambios políticos sin ser desmantelado.

Kuwait, Noruega y Alaska son tres ejemplos entre decenas. Más de 60 países han creado fondos soberanos: Arabia Saudita, Singapur, los Emiratos Árabes Unidos, Botswana con sus diamantes, Timor-Leste con su petróleo, Trinidad y Tobago en el Caribe. En Febrero de 2025, el propio presidente Trump firmó una orden ejecutiva para crear un fondo soberano nacional de Estados Unidos — señal de que esta figura es reconocida como útil incluso por las economías más grandes del mundo. 

Crear un fondo soberano está al alcance de cualquier nación con recursos significativos: es una decisión de gobernanza, disponible para quienes tengan voluntad política de tomarla. Y esa voluntad comienza por reconocer que la función esencial de quienes ejercen el poder es custodiar y elevar el bienestar de la población que representan.

Cuando el instrumento falla

No todos los fondos soberanos han cumplido su promesa. El caso más resonante de corrupción es el 1MDB de Malasia: el primer ministro Najib Razak desvió aproximadamente 4.500 millones de dólares del fondo entre 2009 y 2015, en lo que se convirtió en uno de los mayores escándalos financieros de la era reciente. 

Venezuela tiene su propio antecedente: el Fondo de Inversión para la Estabilización Macroeconómica (FIEM), creado en 1998 para acumular reservas en los años de bonanza y suavizar el gasto fiscal en los ciclos bajos, fue vaciado por Hugo Chávez entre 2003 y 2005 para financiar gasto corriente. El mecanismo existió; las instituciones para protegerlo, no. 

Los fracasos documentados comparten un rasgo: fondos operando en entornos donde las reglas de gobernanza podían ser ignoradas por quien ejercía el poder político o institucional. La solidez de cualquier fondo soberano depende, antes que nada, de la independencia de las instituciones que lo custodian.

Venezuela: la pregunta que no puede esperar

La revitalización de la industria petrolera venezolana es una necesidad urgente y obvia para los habitantes del país, conscientes de que es el recurso que tienen en abundancia a escala global. Las negociaciones en curso, la nueva legislación y la apertura a capital privado internacional son pasos en esa dirección. Pero la pregunta sobre el destino de la renta petrolera —qué parte se reserva para el Estado, qué parte se invierte en el futuro del país, cómo se administra con transparencia— es una pregunta que los venezolanos y también los norteamericanos que están tomando decisiones al respecto tendrán que responder tarde o temprano. 

Los fondos soberanos demuestran que esa renta puede ser el punto de partida de una prosperidad duradera. La historia también demuestra que las instituciones que custodian esa riqueza solo perduran cuando tienen el respaldo de la sociedad que representan.

Para Saber Más

Norges Bank Investment Management – The Fund — Sitio oficial del Fondo de Pensiones del Gobierno de Noruega. Incluye historia, datos de rendimiento, portafolio de inversiones y reportes anuales.

Los fondos soberanos de Venezuela: el petróleo frente al espejo del ahorro — Ecosistema (Andrés F. Guevara B., Febrero 2026). Crónica detallada de los intentos venezolanos de crear fondos soberanos desde los años 70, incluyendo el FIEM de 1998 y su desmantelamiento bajo Chávez entre 2003 y 2005.

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Sobre la autora

Maria Angela Capello, PhD, es una líder en la yuxtaposición de sostenibilidad, geociencias, equidad de género y gestión técnica en energía, integrando estos enfoques para promover una transformación ética y global del sector. Miembro Honorario de la SPE, Miembro Vitalicio de la SEG, Directora en AGI y Co-Chair en UNECE, ha sido reconocida con el título de Cavaliere por el Presidente de Italia. Es autora de más de 100 publicaciones técnicas y cuatro libros, y promueve una transformación ética y sostenible en el sector energético a nivel global, con énfasis en los países en desarrollo.

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Maria Angela Capello, Ph.D.
President – Red Tree Consulting, LLC
www.redtreeconsultingllc.com
mcapello@RedTreeConsultingLLC.com
+1 (281) 967 2019 – Houston, TX, USA
Graduate Research Fellow, University of Plymouth
UNECE Co-Chair  Women in Resource Management 
AGI Ambassador & Board Liaison  https://www.americangeosciences.org/Co-Chair SPE Energy Transition Symposium 2025
Executive Editor Sustainable Geosciences: People, Planet and Prosperity

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