MÉXICO


(Original publicado en Petroleum 306, Julio 2015)


 

 

Jorge Zajia

Jorge Zajia | Editor in Chief

El territorio de la República Federal de México tiene una superficie de 1.964.375 km², el tercero más grande de América Latina después de Brasil y Argentina, y es el undécimo país más poblado del mundo, con un estimado de 121 millones de habitantes.

Si lo comparamos con los países Bolivarianos, descubrimos que su territorio es del 40% y su población del 85% de la sumatoria de todos ellos, que totalizan 4.763.668 km2 y 144 millones de habitantes: Perú 1.138.903 km2 y 31 MMHab; Colombia 1.138.903 y 53; Bolivia 1.098.580 y 11; Venezuela 916.445 y 33; y Ecuador 283.562 y 16.

Repasar esta realidad es pertinente para poder entender la importancia que las fuentes de energía tienen en la tierra de los aztecas, a la luz de los recientes acontecimientos que se ciernen alrededor de la explotación de sus hidrocarburos, que como resultado de la ejecución de la Ley de Expropiación de 1936 y la aplicación del Artículo 27 de la Constitución Mexicana, el Estado nacionalizó a las compañías petroleras, mediante un decreto firmado por el célebremente recordado Presidente Lázaro Cárdenas del Río, el 18 de Marzo de 1938.

En este acto se consumó la expropiación legal de la maquinaria, instalaciones, edificios, refinerías, estaciones de distribución, embarcaciones, oleoductos y de todos los bienes muebles e inmuebles. Como se dice en buen mexicano eso fue “caída y mesa limpia”. Desde entonces y hasta nuestros días –con algunas variantes y concesiones en años recientes-, la estatal Petróleos Mexicanos, Pemex, ha tenido el monopolio absoluto de la explotación de los recursos de hidrocarburos de la nación.

2004 fue un año de gloria para la tierra de Pancho Villa y Agustín Lara. Su producción petrolera rozó los 3.5 MMbpd promedio, gracias a los aportes del prolífico campo Cantarell, cuyo descubrimiento se debe a un pescador quien reiteradamente había denunciado ante Pemex el daño a sus redes por

el petróleo que brotaba hasta la superficie del mar. Al humilde pescador Rudesindo Cantarell le ha tocado la gloria de haberse consagrado como el mejor geólogo en la historia petrolera de México, y no es en broma, porque desde entonces el país no ha vuelto a tener un descubrimiento de tal magnitud.

Desde ese año la producción petrolera mexicana comenzó una lenta pero indetenible declinación y se pronostica que para este año, al igual que en 2014, el promedio estará ligeramente por debajo de los 2 millones de barriles de aceite por día. Esta pérdida en la producción –que no ha sorprendido a nadie-, se debe, no por casualidad, a la declinación acelerada de Cantarell, que en la última década pasó de unos 2.2 MMbpd a un poco más de 250.000 bpd en 2015.

México, como Jalisco -en la celebérrima interpretación del inmortal Jorge Negrete- “no se raja”. Todo lo contrario y desde hace un tiempo su dirigencia petrolera ha venido dando pasos firmes para abrirse a la inversión privada, como una condición necesaria, mas no suficiente, para revertir la dramática declinación de su producción petrolera, lo cual tiene una fuerte oposición de buena parte de las fuerzas vivas de la nación –digamos que de buena fe-, dado el fuerte componente nacionalista de su cultura social y política en defensa de su soberanía y sus recursos naturales.

ND: La reproducción de este editorial, escrito hace tres años, es pertinente en virtud del nuevo gobierno que estrena la nación azteca, de orientación política y económica diametralmente opuesta a los gobiernos que la han regido en el pasado no tan reciente. El Presidente López Obrador, a despecho de lo que se afirma de él, ha puesto su empeño en invertir dinero en Pemex en E&P y en refinación, para aumentar las reservas y la declinante producción de crudos, así como aumentar la capacidad de refinación y minimizar la importación de combustibles. Los profesionales que nombrado para ocupar la Secretaría de Energía y la alta gerencia de Pemex, son todos profesionales de una dilatada y destacada trayectoria en el petróleo y la energía mexicana, por lo que no podemos menos que augurar un futuro brillante a la poderosa industria petrolera mexicana.