La industria petrolera venezolana está lista para su reconstrucción

 

Jorge Zajia

Jorge Zajia | Editor in Chief

Ahora que en Venezuela -la nación petrolera por excelencia de América Latina- se tiene la certeza que el país está en los albores de reconquistar la libertad y enrumbarse por la senda del crecimiento y el progreso. Ahora que en Venezuela flota en el ambiente la idea que todos los países, cual Ave Fénix, han renacido de las cenizas con ímpetu arrollador que los impulsa con fuerza hacia destinos superiores; pues es ahora que esa Tierra de Gracia, la Pequeña Venecia, como la bautizaron los Descubridores, se va a sacudir dos décadas de atraso y va a iniciar su reconstrucción con renovados bríos, en base a los cuantiosos recursos de combustibles fósiles con que saturó las entrañas de su subsuelo la providencia.

En términos hípicos, ya están “cuadrando en el aparato”, en la “gatera”, los participantes de esta gran carrera, a la espera que se ponga fin a la usurpación y se instale un gobierno de transición, para dar la voz de “partida” y se inicie lo que se avizora que va ser el boom petrolero más espectacular del Siglo XXI; lo que de paso contribuirá notablemente a proyectar las estimaciones de la vigencia de los hidrocarburos en cuadro energético mundial, hasta mas allá del fin de este siglo, porque con el aumento que se espera de la producción y las reservas que ya se conocen, sustentan la tesis que el petróleo continuará siendo una fuente de energía abundante, segura y barata.

En base a esta expectativa real que priva en la mente de las mujeres y hombres del petróleo, desde hace algún tiempo se han instalado grupos de trabajos de diversas índole, conformados por técnicos, profesionales y ejecutivos, dentro y fuera de Venezuela; de empresarios y empresas petroleras nacionales e internacionales, de banqueros, de inversionista, etc.; que están realizando estudios y siguiendo día a día el desarrollo de los acontecimientos, para estar listos

cuando llegue lo que ellos mismos denominan el Día D+1, “… y se ordene la partida”. 

Aunque la espera es angustiosa, el optimismo es desbordante y en todos los grupos de estudios surgen las más variadas opiniones y puntos de vista. Desde la preocupación por el deterioro y la ruina total en que se encuentra toda -la otrora magnífica- infraestructura petrolera venezolana, hasta el estado de sus prolíficos y generosos yacimientos, vilmente explotados hasta dañarlos y agotarles su energía natural; en fin, toda esta situación está muy bien auditada y documentada, pero los pozos, las tuberías, los patio de tanques, los poliductos, las refinerías y los puertos de embarques están allí y es más fácil y menos costosos repararlos, que comenzar desde cero su diseño y construcción.

Como quiera que cada sector o unidad de estudio y opinión -que existen bastantes y han estado trabajando seriamente desde hace varios años-, tiene su propio proyecto de acuerdo a sus fortalezas (desde la estabilización y, luego recuperación, de la producción y la operatividad de las refinerías; hasta la creación de una nueva Ley de Hidrocarburos), es necesario establecer un mecanismo de coordinación que integre todos esos estudios y esto sólo es posible, o al menos más fácil lograrlo, bajo la dirección única del nuevo gobierno que se instale en Venezuela, al frente del cual debe colocar personas de probada honestidad y capacidad técnica, que sean capaces de enrumbar todas las propuestas y todos los intereses, en pos del objetivo común, que ya todos saben cuál es.

Hemos seguido muy de cerca las ejecutorias del Presidente Juan Guaidó y de quienes lo acompañan en su gesta libertadora; sobretodo en materia de relaciones exteriores y gestión petrolera. Todas, o la mayoría para no pecar de precipitados, son personas bien preparadas y que han manifestado una vocación de servicio público, que ya se había perdido en los políticos venezolanos y que ha sido el origen de los males que aquejan a la rica nación caribeña.