El futuro del petróleo

 

Jorge Zajia

Jorge Zajia | Editor in Chief

Rómulo Betancourt, ex presidente de Venezuela y un hombre que baso su actuación pública en la importancia del petróleo, el cual estudió con el mayor interés y dedicación por considerar que la vida económica, política, social y cultural de Venezuela ha girado, y girará por muchos años más, en torno al petróleo; en la ocasión que pronunció un discurso en su condición de Senador Vitalicio, cuando se discutía en el Congreso de la República la que se conoce como la ley de nacionalización petrolera, comenzó su exposición con una anécdota que “…me la contó en Londres en 1965 un alto dirigente de un consorcio petrolero con sentido del humor”.

Resultó que estalló en el aire un avión ejecutivo -refiere Rómulo-, en el que viajaban diez dirigentes de grandes compañías del aceite negro…. Llegaron al cielo y continuaban hablando exclusivamente de petróleo, hasta que uno de ellos fastidiado, hizo correr la noticia que en el infierno había petróleo. Uno a uno los jerarcas del oro negro fueron saltando del Paraíso, poblado de santos y querubines, a las tinieblas y a las pailas hirvientes donde reina Lucifer, hasta que sólo quedó el inventor del cuento. Cuando San Pedro vio que iba a dar también su salto olímpico, le dijo: ¿Pero si usted sabe que eso es una mentira inventada por usted mismo? Y él, lanzándose al fuego eterno, le respondió: A lo mejor es verdad.

Hemos traído de nuevo esa liviana anécdota para llamar la atención sobre la codicia y las pasiones que el petróleo despierta en los hombres de negocios. Es una avidez devoradora que los ha incitado a seguir designios maquiavélicos, en la competencia por poseerlo en abundancia y sin límites. El excremento del diablo, como lo bautizó el Padre de la OPEP Juan Pablo Pérez Alfonso ha sido el causante de muchas guerras y el origen de tantos conflictos de distinta naturaleza, en una lucha tenaz por controlar sus fuentes y su comercialización.

Hoy la discusión se centra alrededor del futuro de los hidrocarburos dentro del espectro de energías que moverán el mundo y en ese sentido hay

variadas opiniones y tendencias, que podrían tener que ver más con la formación académica y práctica de las generaciones de mujeres y hombres que manejan los destinos de la humanidad. El hombre de hoy es totalmente distinto al de ayer. Nos movemos sobre plataformas tecnológicas muy diferentes y allí está el origen de quienes le confieren al petróleo y al gas natural una vigencia muy corta dentro de la relatividad del tiempo por venir, auspiciando su sustitución por fuentes de energía más limpias, entre ellas las renovables, pero no solamente ellas.

Los descubrimientos recientes y las inversiones cuantiosas y a muy largo plazo que están haciendo las grandes compañías petroleras, nos dicen claramente que la sed por el petróleo continuará creciendo; pues además de ser una fuente de energía segura y abundante, es muy barata y, más importante, la población mundial continuará creciendo exponencialmente y cada vez más personas ascienden a niveles superiores de calidad de vida lo que supone una mayor demanda de energía para darse los gustos a los que tienen derecho.

Las energías alternativas a los hidrocarburos son una quimera, un sueño utópico, en un mundo donde todavía mas de la mitad de sus habitantes utilizan en el carbón mineral y el carbón vegetal o leña para satisfacer sus necesidades.

Los efectos negativos como consecuencia de la quema de hidrocarburos para producir energía, es un asunto tecnológico que ya está en vías de su mitigación y control; por un lado, ya se habla sobre el rediseño del motor de combustión para hacerlo mas eficiente y todavía está pendiente una campaña para la reforestación masiva del globo terráqueo.

Estás breves reflexiones la quisimos hacer para que quienes hacemos vida y vivimos de la explotación de los hidrocarburos, miremos el futuro con optimismo y que sepamos que lo que ha cambiado es la forma de llevar a delante y desarrollar el negocio, que tiene que ser más limpio y eficiente, pero que en nada está en riesgo la sustitución del petróleo, que mantendrá su vigencia más allá del presente siglo.