¿Cómo está la cosa?

(Editorial publicado en Petroleum 317/Junio 2016)

 

Jorge Zajia

Jorge Zajia | Editor in Chief

El título de esta nota editorial se ha convertido en el saludo generalizado de los petroleros a nivel universal, en la búsqueda de una respuesta que nadie nos puede dar, pues cuando todavía está fresca la tinta en los medios de comunicación con noticias alentadoras sobre la recuperación del precio de los hidrocarburos, se publican otras de signo contrario que dan cuenta que la recesión está en pleno desarrollo y que la crisis aún no ha tocado fondo.

Un buen indicador para medir el grado de la actividad petrolera global lo es, sin lugar a dudas, la Offshore Technology Conference, OTC, que todos los años desde 1969, se realiza en Houston -acertadamente bautizada como la capital mundial de la energía-; donde durante cuatro días empezando el primer lunes de Mayo, se reúnen unos 60.000 petroleros venidos de todos los rincones del mundo para disfrutar de una agenda académica de altísimo nivel y de la exhibición de equipos, productos y servicios más grande y completa del planeta.

Este año la expectativa por el desarrollo de la OTC tuvo rodeada de un alto grado de nerviosismo e incertidumbre, en virtud de los temas que se discutirían en la conferencia y de las dimensiones de la exhibición, que según reportaron los organizadores fue la tercera más grande de todas, lo cual indica que esta industria, si bien atraviesa una severa crisis, no se entrega y continúa tan activa y pujante a pesar que después de varios años de una bonanza sin precedentes, en esta oportunidad la conferencia y exhibición se realizó en medio de una contracción del negocio también sin precedente.

Para los dirigentes de la industria, pensar y planificar el rol que le toca jugar al petróleo bajo la incertidumbre de la fuerte presión ejercida por la baja de su precio, es una cuestión difícil, pues hace apenas dos años vivían o disfrutaban de la bonanza más grande de la historia que presagiaban que esos tiempos de gloria y abundancia por los altos precios, se habían instalado

en la Tierra para siempre. Eran los tiempos que solo se hablaba de los planes de expansión en términos de mega proyectos de exploración, producción y refinación. Hoy que los vientos soplan con furia en sentido contrario, la sorpresa de todos ha sido de dimensiones catastróficas, cuando estamos viviendo una caída espectacular del precio de la energía en general, y muy particularmente el del petróleo y el gas natural que está afectando negativamente el desenvolvimiento de una industria que incide notablemente en la economía, la política y la sociedad.

Esta situación en el fondo no amilana a nadie. Los hombres del petróleo, hechos de una madera especial y muy dura, lejos de atemorizarse siguen en la primera línea de combate afrontando la realidad con valor y dando la pelea para contribuir con su experiencia y capacidad técnica y financiera a superar este trance y, en medio de la tormenta, han lanzado un salvavidas para estudiar a fondo la situación, entenderla en sus orígenes, formando equipo con todas las fuerzas vivas que participan de este fabuloso negocio, para juntos diseñar las estrategias que den respuestas y soluciones a esta realidad, o al menos minimizar sus efectos que amenazan la estabilidad del sistema que hoy rige los destinos de la humanidad.

Reconocer la situación actual y entender que es una crisis muy severa e insistir en la premisa de no dejarse abatir por las circunstancias y, por el contrario, hacerle frente y convertirla en una herramienta de progreso y desarrollo, despierta el optimismo que todos debemos tener para superar con éxito estos tiempos aciagos, que no es más que la repetición de un nuevo ciclo en el desarrollo de la vida en el planeta, que con sus características y peculiaridades propias de nuestro tiempo, debe conducirnos irremediablemente, como siempre, a una organización social, económica y política más justa, más moderna, generadora de una mejor calidad de vida para todos.

¿Cómo está la cosa? Parodiando al insigne político venezolano y latinoamericano Teodoro Petkoff, sin miedos ni complejos afirmamos: “Está mal, pero vamos bien”.