La lucha de los pescadores de Amuay contra el gigante petrolero venezolano

Con las sandalias enterradas en la arena y su infatigable optimismo, el pescador de edad avanzada miró hacia el agua y sopesó su larga y perdida batalla. A sus pies estaba la bahía Amuay y la fértil fuente de pescado que sustentaba: eso era por lo que peleaba. Lejos, en la costa opuesta, más allá de las olas que levanta el viento, se sitúa su adversario: la imponente planta petrolera paraestatal y su maquinaria fallida. “La empresa odia a este señor”, dijo el pescador, Esteban Sánchez, al tiempo que su índice calloso apuntaba hacia su pecho. “Pero no me...

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